El testimonio que nunca dí en la iglesia

Cada año, en los meses de Agosto y Setiembre, me acuerdo de uno de los tiempos mas difíciles de mi vida, que ocurrió en esos meses en el 2007. Este año hace 5 años desde que me despedí de quienes yo pensaba eran mi mayor sostén.
Siempre supe que yo era diferente. Como niño no sabia articularlo, pero sabia que no era igual a los nenes y no me sentía completamente a gusto con las nenas. Mis gustos se alineaban mas con las nenas, pero igual no me sentía completamente cómodo. Además, la sociedad, los otros niños y adultos a mi alrededor, constantemente me daban a entender que lo que venia desde muy dentro mío (mis gustos, mis sueños, mis hobbies) estaban mal y que yo tendría que hacer “algo” para cambiar y parecerme mas a los otros nenes.
Aprendí a esconder mis juguetes desde muy chico. Mis barbies tenían su casita en mi armario (si, y jugaba en el closet!). Aprendí a callarme y no expresar cosas que sentía adentro. Hoy en día se que ese nene con quien TANTO quería tener una amistad fue mi “primer amor” a los 7 años. Sabia que lo “correcto” era gustarse de niñas, así que elegía a mis mejores amigas como las niñas que me gustaban (esta costumbre me persiguió hasta adulto y afecto varias relaciones). En resumen, todo lo que venia de dentro de mi estaba mal. Nací mal. Mi personalidad no era aceptable y tenia que cambiar. Sabia que eso no era posible, así que aprendí desde muy chico a mantener apariencias y vivir en el closet sin saber que ese era un concepto tan común.
A los 13 o 14 tuve una experiencia espiritual y comencé a involucrarme en la iglesia. Aprendí a hablar un lenguaje de sinónimos, expresando mis luchas y dificultades en palabras que guardaban mi secreto. Escuchaba sermones y mensajes que hablaban de personas homosexuales como violadores, pedófilos y personas asquerosas. Yo no era eso! Yo no era homosexual…. solo era diferente. Oraba que Dios me cambie. Lloraba noches enteras, buscaba el cambio por medio de congresos cristianos, música de alabanza, ayunos… todo lo que estaba a mi alcance.
A los 17/18, me había convertido en alguien que siempre sabia que responder cuando algo se relacionaba a la biblia o la vida cristiana. Mi deseo de cambiar quien era dentro mío se había convertido casi en una obsesión. Era una obsesión que me comía por dentro, pero que era apoyada por todos. Era como darme latigazos a mi mismo cada día, y tener a todos mis conocidos aplaudiendo alrededor. Buscaba consuelo en la palabra de Dios, en las promesas de la biblia, y mis oraciones. No podía compartir esto con nadie, porque sabia que seria rechazado no solo de la iglesia, sino de mi familia y de la sociedad. Cuando pedía oración, sabia que palabras usar para recibir el apoyo de la oración comunal sin revelar la verdadera razón. Gente alrededor mío se asombraba de mi dedicación a todo lo espiritual, sin entender que mas bien era un grito de desesperación para borrar y desinfectar no solo lo que había dentro mío, sino una gran parte de quien yo era.
Mas o menos en ese tiempo había aprendido los términos “homosexual” y “gay”. A través de internet, había conocido a otras personas que eran como yo, pero Vivian escondidos. Algunos de ellos casados, o con novia. Eso me hacia pensar que ser homosexual siempre equivalía al engaño y la hipocresía. Conocí a un señor del que se me había dicho que era gay. Sin necesidad de palabras o de hablar del tema, creo que reconoció mi grito de ayuda y ofreció su amistad. Sin embargo, poco tiempo después se suicido, lo cual me dio el mensaje de que este inevitablemente seria mi destino… solo era cuestión de tiempo. Otras personas me dijeron que se enteraron de que el era gay, y que Dios me había protegido. Esto me comunicaba dos mensajes adicionales: 1) gay equivale a pedófilo/violador, 2) Dios me tenia que proteger de otros que eran como yo. Mensaje resultante: yo era un monstruo y nadie se podía enterar.
El internet también me expuso a ministerios cristianos que prometían una cura. Leí miles de artículos, entrevistas e interpretaciones de la biblia que negaban la existencia de una orientación homosexual y en vez denominaban el tema como “tentaciones sexuales”, una desviación de lo normal estrictamente conductual y no una cuestión biológica (como ya lo ha demostrado en gran parte la comunidad medica). Este concepto era de importancia fundamental porque al no ser parte de la naturaleza de uno, la posibilidad de cambio era mas grande. En esencia, Dios me habría creado heterosexual pero por culpa de interacciones disfuncionales con mis padres, algo no maduro correctamente dejando una desviación emocional que se manifestaba por medio del deseo sexual. Me comí estas interpretaciones como quien se deja estafar con la promesa de ganarse la lotería. El riesgo de ser rechazado por mi familia, o de matar de un ataque al corazón a mi padre y dejar en depresión terminal a mi madre podría ser completamente eliminado si tan solo confiaba en Dios, renunciaba a la “atadura homosexual” y aceptaba la sanación emocional que estos ministerios prometían.
Varios años, cursos y un exorcismo después, todo seguía igual. La esperanza de cambio permanente me daba fuerza y alivio momentáneo. Poder compartir mis “luchas” y “tentaciones” con otras personas daba una sensación de ser comprendido. Todavía era un monstruo, pero no era el único. En el proceso hable con el pastor de la iglesia donde asistía y dirigía la alabanza. Su respuesta me dejo con sentimientos encontrados, ya que me dijo que mientras este arrepentido de mi pecado, la homosexualidad no me hacia diferente a los mentirosos, borrachos, ladrones o asesinos arrepentidos (que recibían la gracia de Dios). A pesar de que ese mensaje pretendía comunicar perdón y aceptación, igual seguía poniéndome a un escalón mas bajo que todos los demás. Me comparaba a los peores pecadores arrepentidos. Además, siendo que mi orientación sexual venia de un lugar tan dentro mío, mi pecado era algo que yo ERA y no algo que hacia. Una vez mas internalice el mensaje ya que por un lado resonaba con el concepto negativo que tenia de mi mismo y por el otro me daba aunque sea un gota de aceptación.
El estira y encoje, junto a toda la energía necesaria para guardar mi secreto y al mismo tiempo intentar comprender lo que pasaba en mi interior me comenzó a pesar mas y mas. Comencé a sentirme mas y mas deprimido. El trabajo que anteriormente amaba comenzó a ser un peso mas. Me canse de la mayoría de mis amigos, ya que dentro mío creía que si me conocieran de verdad, no serian mis amigos. La admiración que me había ganado en la iglesia sabia mas a hipocresía que cualquier otra cosa, ya que todas esas personas solo sabían lo que veían y no todo lo que había detrás. Mis noviazgos con mujeres terminaban en que yo no podía dar lo que no poseía, y la otra persona era lastimada. La tensión y depresión dentro mío me llevo a tener encuentros sexuales con otros hombres que por mis sentimientos de culpa me dejaban vacío y con mas odio hacia mi mismo y mi naturaleza. Mi familia noto que estaba perdiéndome, pero no entendían la razón. Sin dirección profesional o espiritual, deje de ir a la iglesia con excusas que se me estaban acabando. Sabia que me tenia que escapar de ese entorno sofocante.
Mi padre, quien es uno de mis héroes hoy en día, me ayudo a descifrar un nuevo rumbo profesional. Quería ser psicólogo y ayudar a otros (o ayudarme a mi mismo primero!). Decidí ir a los EEUU, a una universidad cristiana. La esperanza de estar cerca de ministerios para “ex-gays” me dio fuerzas. Había leído varios libros de ex-gays y esperaba ser uno de ellos algún día. En Julio del 2005 aterricé en los EEUU, con la promesa de una nueva vida. Uno de mis primeros objetivos, inscribirme en un curso de sanación emocional (así lo denominaba la organización).
Fui a todas las reuniones, conocí a otros miembros y lideres de estas organizaciones, leí, ore… y SORPESA: seguía vacío. Me involucre con el ministerio musical de una iglesia. Desde siempre, la música había sido un refugio para mi. Cuando cantaba todo mi estrés desaparecía. Tiene sentido entonces que aprovechaba cada oportunidad, cada culto, cada noche de alabanza, para “drogarme” con arreglos musicales y juegos vocales.

En medio de todo esto, la madurez que idealmente acompaña el proceso de cumplir años, me dio fuerzas para salirme del closet con mis amigos mas cercanos. Me moría de miedo cada vez, pero casi todos respondieron con el amor que siempre me dieron. Fui muy selectivo en esta decisión, y solo me salí con quienes me sentía seguro. Me di cuenta de que las amistades eran mucho mas profundas cuando recibía la aceptación plena por ser quien era de verdad, y no por lo que pretendía ser. Por otro lado, había construido una imagen de “persona perfecta” y cuando mis amigos vieron que estaba lejos de eso, también se sintieron mas seguros conmigo.

Estar lejos de casa definitivamente me ayudo a poder analizar todo esto con una cabeza mas fría y menos emocionalmente atada. Era un requisito del programa universitario ir a ver a un psicólogo por unas cuantas sesiones, para saber lo que se siente estar en el lugar del paciente. Fui junto a una psicóloga cristiana y decidí sacar el máximo provecho a cada sesión. La primera sesión duro 2 horas porque le vomite toda mi historia. Era la primera vez que podía realmente contar todo sin preocuparme por como seria recibido. Seguí yendo junto a ella por mas sesiones de lo requerido. La psicóloga era muy cuidadosa, y explico que no quería guiarme a una decisión, sino acompañarme en este camino. Ella me señalo libros por ex-gays (que ya había leído) y también de gays cristianos (de los cuales nunca había escuchado). Aprendí que había gente que era gay y cristiana al mismo tiempo.
Mi paradigma de que una persona homosexual era alguien que vivía una mentira secreta se vio desafiado. Fui aprendiendo como parte de mi carrera de psicología, que el homosexualismo no era un desorden mental y que había muchas personas homosexuales que Vivian muy felices. Investigue mas profundamente y encontré que estudios que mostraban que 1) la orientación sexual esta fija desde nacimiento en la mayoría de los casos, especialmente en hombres, 2) las personas que negaban su orientación sexual homosexual vivían con mas estrés, depresión y ansiedad, a pesar de acudir a ayudas espirituales en las iglesias, y 3) Las mujeres que se casaban con hombres supuestamente ex-gays vivian con muchos conflictos internos arraigados en el rechazo sexual por sus maridos, y ultimo, 4) Ni siquiera las organizaciones ex-gay creían en un cambio fundamental en la orientación sexual. Mas bien predicaban un cambio de conducta, parecido al celibato de padres católicos. Además, el tiempo promedio en que un ex-gay permanecía ex-gay era muy corto. La mayoría (incluyendo los fundadores del mayor ministerio en los EEUU) terminaban aceptando su orientación y siendo mucho mas felices de esa manera.
Mi próximo paso era consolidar mi vida espiritual con todo este crecimiento intelectual. Leí interpretaciones de los versículos bíblicos que hablaban sobre el homosexualismo. Aprendí que las interpretaciones eran múltiples. Pero, por sobre todo me quedo claro que la biblia en ni un solo versículo hablaba de una relación de amor entre dos hombres. Todos los versículos bíblicos condenando el homosexualismo se referían a violación, prostitución, o promiscuidad extrema. Pero, por sobro todo sentía una paz interna como nunca antes. Muy dentro mío sentía que el ser supremo en el que creía me decía que debía aprender a amarme a mi mismo. Tal cual era. Así mismo. El ya me había creado de la manera en que yo debería ser.
Mientras tanto, en terapia aprendí que mi atracción no era tan solo sexual. Quería una relación. Cuanto mas se iban sanando mis heridas emocionales, mis deseos se convirtieron mas saludables también. El sexo vacío dejo de atraerme de la misma manera y comencé a desarrollar un anhelo hacia una relación profunda y significativa. Admitir que podría AMAR a un hombre fue un gran paso. Por alguna razón que solo puedo explicarla como homofobia internalizada, hasta ese momento pensaba que tener sexo con un hombre y amar a ese hombre eran dos cosas MUY diferentes. Bueno, todavía lo creo! Pero la manera en que lo veía era que yo podría ser un hombre que tiene sexo con otro hombre, pero si amaba a ese hombre… eso me hacia un maricón! Todavía recuerdo el momento en que dije a mi psicóloga: “lo que en realidad deseo es amar a un hombre que me ama. Quiero amor con un hombre”. La relación entre homosexualidad y una falta de masculinidad fue desvaneciendo. De un momento a otro me fue claro que puedo ser un hombre completamente masculino y amar a otro hombre. Sanidad emocional al fin.
Comencé a anhelar esa relación saludable. Comencé a mover imágenes, sueños, proyectos mentales. Me di cuenta de que: 1) No tenia razón para creer que ser homosexual estuviera en contra de la voluntad de Dios, 2) Lo mas saludable a nivel emocional era aceptar la orientación de uno. No podía seguir viviendo una mentira.
Y así llego Agosto del 2007. Hable con el pastor de mi iglesia en Virginia Beach. Bueno, digamos que el hablo conmigo. Mas bien me predicaba. No había mucha conversación. La primera vez que fui, el ya tenia abierta la biblia en uno de esos versículos bíblicos que hablan de prostitución masculina. Ja! Sera que pensó que nunca había leído esa parte? Sin embargo, al final de cada una de las 3 citas que tuve con el, me dijo que algo dentro suyo le decía que estaba en el camino correcto. Cuando definí que no podría seguir viviendo una mentira, la respuesta fue que en cuanto comience una relación con otro hombre, debería dejar la iglesia. Me pareció absurdo, ya que podría ser un hombre que acepta su homosexualidad, con tal de que no tenga una relación romántica… o sexual? Mas que nada este pastor (y muchos pastores) estaba enfocado en el sexo (ya que la biblia solo habla de sexo en este sentido… nunca presenta una relación amorosa).
Y así, tuve que salir de la iglesia. El siguiente paso fue afirmarme aun mas, y revelarles a mis padres la verdad. La había ocultado todos estos 27 años para protegerles del dolor de saber que tenían un hijo que era un monstruo. Pero en el ultimo año me había dado cuenta de que ser gay no era ser un monstruo. Era un regalo, un don bello. Era lo que era… desde nacimiento, desde siempre. Aprendí a amarme como era. Y por primera vez en mi vida, podía respirar felicidad y paz.
Acostumbrarme a no tener una familia espiritual, y no tener la música fue una de las cosas mas difíciles que enfrente en la vida. Busque otra iglesia y me encontré con mas rechazo, pero me di cuenta de que todo el proceso fue una bendición oculta. Me aleje obligadamente de un entorno donde se me enseñaba que había nacido fallado, de que iba al infierno, de que no podría nunca ser feliz si me aceptaba a mi mismo. Tuve que abandonar una comunidad que me empujaba a tener una relación lejos de saludable con una mujer en vez de pasar el resto de mi vida con el hombre que hoy amo. Un grupo de personas con una imagen de amor muy limitada. Un grupo de gente que prefería que yo viva en depresión como lo había hecho, antes de vivir en la plenitud en que vivo hoy en día. Una organización que dijo ser mi familia, hasta que me conocieron de verdad. Un grupo de gente demasiado “buena” para poder invitar a una persona como yo a ser parte de ellos.
2007 fue el año de mi redención. Cuando prácticamente me echaron de la iglesia, cavaron una herida profunda de rechazo en mi. Pero fue una de las mejores cosas que me podría haber pasado en la vida. Hoy en día soy libre del abuso espiritual y emocional.
Esa es la razón por la que los meses de Agosto y Setiembre me tienen melancólico. No me pongo triste. No me arrepiento en ningún sentido de nada. Mas bien honro el recuerdo de todo lo que pase. No se de donde saque las fuerzas, pero me di cuenta de que soy mas fuerte de lo que pensé. Me pude liberar de un entorno sofocante. Me levante contra mi abusador.
Los que me conocen saben lo feliz que soy hoy en día. Nunca podría haber llegado a esta vida con un marido espectacular y una hija hermosa si no hubiese dado ese paso! El próximo paso fue enfrentar a mi familia. Y de ahí, a pesar de mi temor (o debería decir terror?) de lo que podría llegar a ser, todo fue de bien en mejor.
Alcance la felicidad. Quizás otro día escriba sobre lo que sucedió del 2008 en adelante. Por ahora estoy celebrando mis 5 años de libertad.

 

(Esta historia continúa aquí: La Oscuridad Antes de mi Amanecer)

5 pensamientos en “El testimonio que nunca dí en la iglesia

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