Un año después…

Suenen los violines. Siento que se me suben las emociones y voy a volver a usar este medio como mi diario personal. Anoche me levanté cada dos horas para ver que estaba pasando con Zoe. Hace un año estábamos haciendo lo mismo, excepto que era el despertador que nos despertaba, y no un bebé llorando. Después de tantas noches de insomnio que precidieron a esa noche, no se como logramos dormirnos de nuevo cada vez que nos avisaban que no habría avances en las siguientes dos horas. Aunque la familia biológica de Zoe trataba de darnos toda la seguridad de que no iban a cambiar de opinión, mis emociones estaban un desastre compuesto de incertidumbre, ansiedad, incredulidad, ruegos para que todo resultara… y esperanza.   Nos alojamos en un hotel cerca del hospital por un par de días. Una vez nacida Zoe, nos permitían visitar a Zoe en una pequeña habitación, sin ventana, del tamaño de un closet, que sólo cabía dos sillas, una piletita y el moises del bebé. Allí estuve sentado durante 3 días, contemplando ese milagro asombroso, hablando con ella, cantándole, llorando, llenando mi teléfono con fotos y videos de un bebe que no hacía nada. Sentía que aunque la veía por primera vez, ya nos conocíamos profundamente desde siempre.

Luego siguieron varios meses en que no dormí practicamente nada. Mi vida cambió completamente. Lo que estaba viviendo no tenía ningún parecido con nada que haya vivido antes. Nos habían dicho que nunca estaríamos completamente listos para ser padres. No estoy de acuerdo. ¡Yo estaba listo! Tal vez dependa de como lo veas. Yo no estaba preparado para ser un padre perfecto, pero sí dispuesto a trabajar con todas mis fuerzas para para que esta pequeña se sienta como la niña más amada en la tierra.

Luego estaba el otro proceso que ocurría dentro mío, el cambio en mi identidad. Las prioridades no sólo cambiaron de salir todas las noches a cambiar pañales y lavar biberones.

Siempre compartí mis convicciones. Cuando era un cristiano, esto significaba compartir la esperanza y la fuerza que me daba mi fe. Después mi fe se derrumbó cuando me di cuenta de que tenía que ser alguien que no era para ser aceptado en la institución de los santos. Cuando me di cuenta de que ya no podía vivir esa mentira, estaba consciente de lo que arriesgaba. Podría perder toda la gente a quién yo llamaba familia y amigos. Pero lo más aterrador fue la idea de perder el sueño de que algún día me convertiría en un hombre de familia. Un papá. Necesitaba ser sincero y vivir mi verdad, así que comencé a prepararme para enfrentar mis posibles pérdidas.

No perdí mi familia, y solo perdí algunos amigos (que en realidad nunca lo fueron). Conocí a Leo y desde entonces comencé a sentirme como si vivía un sueño. Me enamoré por primera vez y finalmente supe lo que era el amor. Luego nos embarcamos en el viaje para convertirnos en padres. A través de los altibajos de los dos años en este proceso, fui de estar esperanzado a renunciar al sueño, y de vuelta a la esperanza. Luego tuvimos la charla. Hablamos de lo que pasaría si esto no nos iba a salir. Decidimos enfocarnos en nuestra relación y encontrar la felicidad sin importar el resultado de este proceso.

Tres meses más tarde recibimos el email de la madre biologica de Zoe. Dos semanas después de eso, fuimos papás.   En cierto modo, Zoe culminó mi viaje de la represión a la aceptación. Ella tiene un efecto completamente contrario que los hermanos cristianos que conocía tenían sobre mi. Hace relucir en mí quien soy en realidad.

Siento que fui padre toda mi vida, solo que no tenía hijos todavía. Sabía que había nacido para esto, pero durante muchos años todos mis seres queridos me decían (con y sin palabras) que no estaba en condiciones de ser padre y que yo no era lo suficientemente bueno. Tendría que ser transformado por Dios de cierta manera que no era necesario para ellos, ya que habían nacido bien.  Yo era profundamente defectuoso, y este defecto me hacía incapaz de dar a mis futuros hijos con el amor que necesitaban.

Y ahora aquí estamos. Hoy puedo reflexionar sobre todo esto sin sentir el dolor al que esta tan acostumbrado.

Creo que es muy importante resolver nuestros problemas emocionales cuanto mas podamos antes de tener hijos. Nuestros hijos no deberían sufrir las consecuencias. Es por eso que el proceso que precedió a Zoe fue tan importante para mi. El dolor me dejó, y ahora soy libre. Soy libre para ser quien soy, de amar me, y luego verter todo ese amor sobre mi esposo y mi hija. El 24 de marzo de 2012 mi vida pasó de la teoría a la práctica. Ya no necesito reflexionar tanto sobre todo este tema. Solo necesito enfocarme en vivir este sueño hermoso todos los días.  Tal vez sea por eso que no puedo dejar de compartir fotografías de ella en FB. Tal vez todavía no pueda creer que esté viviendo este sueño. Y es que no es un sueño. ¡Es mi vida real! A veces huele a perfume de bebés y otras a pañal. Estoy lejos de tener una vida perfecta, pero estoy inmensamente agradecido.

Feliz cumpleaños, Zoe!

PS: Zoe significa vida.

IMG_1538

Foto: Zoe con sus papas, mama biológica y abuelos en su primer cumpleaños.

 

(El proceso de adopción lo relaté en las notas Nuestro final feliz, Parte I y Parte II)

2 pensamientos en “Un año después…

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