La oscuridad antes de mi amanecer

(Esta es la continuación a la primera parte, titulada: El testimonio que nunca di en la iglesia)

Setiembre del 2007. Comienzo de mi estación favorita del año, y una de las razones por las que me encanta vivir en el estado de Virginia. Dentro de poco las hojas cambiarían de color, el clima se haría mas fresco, con lloviznas y días soleados intercalados. Adentro mío también estaba a punto de experimentar un cambio drástico. Cada parte de mi vida cambaría de color durante los meses siguientes.

Un año atrás, en medio de mi maestría en psicología que estaba cursando, había caído en depresión de nuevo. No lograba prestar atención ni completar mis lecturas y tareas. Mi profesora guía me aconsejó tomarme el verano libre y le hice caso. Aprendí a surfear, y pase días enteros en una playa que quedaba a 40 minutos de casa. Pase horas sentado sobre la tabla, moviéndome al ritmo de suaves olas, con el sol en mi espalda y las piernas dentro del agua fría, esperando la ola perfecta. Cuando esta aparecía, y yo la lograba agarrar, con el viento en la cara y la sensación de balanceo sobre la tabla mientras me acercaba a la playa,  mi mente dejaba de preocuparse por el mañana. Todas las voces dentro mío se callaban y solo oía el viento, las olas y las gaviotas. El ejercicio de volver a nadar mar adentro y la adrenalina del deporte fue una de las mejores terapias que experimente.

Logré recuperar las clases perdidas, excepto a una. Tuve que tomar esa materia mientras ya había conseguido trabajo en otra ciudad, así que vivía en dos apartamentos. Los viajes me proveían de mucho tiempo a solas, escuchando música y reflexionando. Ya me había salido de la iglesia. Me pasaba los domingos visitando diferentes lugares con la esperanza de encontrar otro hogar espiritual. En ocasiones sabia que no seria aceptado en ciertas iglesias, pero la sensación de estar en un ambiente conocido a veces me daba esperanza. Me imaginaba siendo parte de ese grupo de personas, junto a mi novio y luego mi esposo.  Podría ser que le conocería allí? A veces me reía de mi mismo por mis tontas fantasías. Dentro mío sabía que nunca seríamos aceptados.

Desde chico se me había enseñado que los cristianos eran los únicos verdaderamente felices. Todo el resto del mundo podría sentir cierta alegría, pero no la plenitud y satisfacción que solo Dios podía dar. Me preguntaba si podría tener esa felicidad plena a pesar de ir en contra de la mayoría de los cristianos. Había descubierto que otras enseñanzas de mi niñez no estaban basadas en la verdad. Mas bien estaban basadas en creencias culturales, como la interpretación de que los homosexuales “no heredarían el reino de los cielos”. Después de estudiar el origen de ese versículo del libro de Corintios, había aprendido que la palabra homosexual se había agregado a principios del siglo XX. El mismo versículo anteriormente había sido usado para hablar de la masturbación y otros comportamientos, ya que en vez de la palabra “homosexual”, el lenguaje original usaba una combinación de las palabras hombre-cama. La palabra usada originalmente no era una palabra conocida ni en tiempos de la Biblia, por lo tanto realmente no estaba claro que fue lo que verdaderamente quiso decir el autor. Sin embargo, yo había leído ese pasaje desde mi niñez y aceptado que se trataba de mi. El mismo versículo también hablaba de los “afeminados”. Siendo que yo tenia movimientos amanerados, jugaba con muñecas, me llevaba mejor con niñas que niños en mi niñez, uno de mis mayores complejos siempre había sido que era demasiado afeminado. En el colegio se habían burlado de mi, y sin duda percibía la desaprobación de la sociedad. A veces abiertamente, y muchas veces sin uso de palabras. Había intentado cambiar mi manera de ser toda mi vida, sabiendo que mis movimientos, mi manera de hablar y mis gustos revelarían mi secreto. Sabia que no podía cambiar esa parte de mi.

Los afeminados no heredarán el reino de los cielos. No tenia sentido! Como podría ser que alguien sea maldecido por como era? No era Dios el que lo había creado? Yo no había elegido la manera en que me movía o hablaba. Sin embargo la mayoría de las personas que conocía dentro de la iglesia evangélica no cuestionaba este versículo. Cada uno tenia sus interpretaciones alternativas a como se entendía este texto, de manera que pueda caber en su propio concepto de Dios.

Me pasaba días enteros reflexionando sobre estos temas. No podía dejar de creer en un Ser Supremo pero estaba dejando de creer que la Biblia era un libro con una moral definitiva. Después de cada día que pasaba en la playa, me sentaba mirando el atardecer sintiendo una suave brisa que me envolvía y me llenaba de paz. Algo dentro mío me decía que estaba cerca de recibir una gran revelación. Lo podía sentir. Aprendí a dejar de lado la ansiedad y vivir en el momento. Sentía la arena bajo mis pies y el agua salada sobre mi piel. A veces derramaba una que otra lágrima, pero más y más sentía una fuerza que nunca antes había conocido formarse desde dentro mío. Cuando terminó el verano, esos momentos los viví en el carro, viajando de una ciudad a otra entre mis dos departamentos.

En una conversión que tuve con mi roommate (amiga con quién compartía el departamento), exprese que no estaba seguro de si estaba correcto o no tener una relación homosexual, pero que si conociera a un chico que cumplía con algunos requisitos, saldría con el. Mi roommate contesto que entonces yo ya había tomado mi decisión. Me di cuenta de que tenia razón. Yo estaba listo para el siguiente paso. No tenia duda de que ser homosexual era algo natural. No cuestionaba si Dios aprobaba o no que los homosexuales formen relaciones amorosas. Había conocido hombres y mujeres gays cristianos que vivían una vida hermosa. Sabia que la masculinidad y la homosexualidad no estaban relacionadas y que mi orientación no me hacía menos hombre. Mi psicóloga me dijo que cada vez que yo hablaba de que era homosexual, levantaba mi cabeza con seguridad y la miraba con una miraba fija y llena de paz. Estaba listo para dar el siguiente paso, pero me costaba expresarlo en voz alta.

Por otro lado, todavía temía lo que sucedería si gente en Paraguay se enteraba. Mi temor seguía siendo que mi padre moriría de un ataque del corazón. Mi abuelo había fallecido corto tiempo antes. No recuerdo si fue en ese entonces o un poquito después que a mi tío se le diagnostico cáncer. El dolor de perder a su padre y su hermano, además del estrés laboral de mi padre era visible. Seria yo el que lo empujaría al precipicio? Mi madre había luchado con depresión por muchos años. Yo siempre había sido el “hijo bueno”. Tenia una relación muy cercana con ella. Mi manera de ser posiblemente había jugado un papel en la relación que teníamos. Amaba (y sigo amando) a mi madre por sobre todas las cosas. Si me salía del closet con ella… podría ser que nunca se recuperara de su depresión. Mi salida hacia ellos significaba revelarles que no era la persona que ellos siempre habían conocido. Lo que toda la vida había escondido con todas mis fuerzas, saldría a la luz. Todo lo que admiraban de mi había sido una mentira. Tenía una vida paralela que representaba lo mas repugnante para ellos. Unos años atrás les había escuchado decir que tener un hijo homosexual sería lo peor que les podría pasar. Su hijo era un homosexual… desde su perspectiva, esto era sinónimo de desviado sexual, degenerado. Inevitablemente, serían inundados de imágenes de su hijo en relación sexual con otro hombre. Para ellos, homosexual todavía significaba sexo mas que nada. Y sexo en la versión mas sucia y desagradable posible.

Pero, yo ya no compartía esa imagen y quería tener una relación saludable y comprometida con otro hombre. Quería, como la mayoría de las personas, encontrar al amor de mi vida. Consecuentemente, no podía seguir con este secreto. Algo tendría que cambiar. El riesgo era grande y podría perderlo todo. Pero más que nada, no era solo yo el que saldría lastimado, sino que estaba jugando con la felicidad de otros. Podría arruinarles la vida. A través de mi carrera había aprendido que la ansiedad nos infunde temor. El temor generalmente se presenta en extremos. El temor era que mis padres mueran, que yo sea echado de mi familia y rechazado por todas las demás personas. Quizás lastimado físicamente, pero peor seria perder todos los lazos emocionales mas importantes de mi vida.

En años anteriores ya me había “salido” a mis hermanos. En ese entonces les había presentado mi orientación como “tentaciones” contra las cuales estaba luchando. En ese entonces me habían ofrecido su apoyo, pero no sabía si sería igual una vez que yo acepte vivir abiertamente fuera del closet. Mi hermano menor no era parte de la iglesia evangélica a donde iba mi familia, y salirme a el fue mas fácil. Su respuesta fue, “Pensás que me importa un carajo? No sabes la cantidad de amigos putos que tengo. Pará de disculparte. Sos lo que sos, boludo, ya esta!” Su manera tan personal de transmitirme su aprobación me sorprendió y abrió los ojos. No todos responderían con lágrimas y desilusión.

Tenia planeado ir a visitar a mi familia por navidad y pasar unos días con la familia en Brasil. Decidí que si iba, tendría que salirme a mis padres. Compartí mis pensamientos con mis hermanos. Me sorprendí cuando respondieron con mis mismos temores. La respuesta fue que no era un buen momento. La respuesta que yo escuche fue, “Lo que sos es tan feo, que es mejor esconderlo. Vas a matar a tus padres. Mejor guardá el secreto.” Un balde de agua fría derramado encima mío cuando menos me lo esperaba.

En los días que siguieron, la ansiedad fue aumentando de nuevo. Considere opciones para que mis padres nunca se enteraran. Podría salvarles la vida si seguía escondido? Podría tener dos vidas en países diferentes? Habría alguna otra “versión” o “explicación” que podría darles, que cause menos daño? Los sentimientos de culpa me inundaron de vuelta. Si no fuera por mi, mi familia podría ser feliz. Yo estaba a punto de arruinarlo todo. Que diría la sociedad? Serían juzgados mis padres por la gente de la iglesia? Que les dirían sus amigos y familiares? De seguro se avergonzarían de mi. Y en el caso de que me aceptaran… como serían vistos por otros? Tendrían que pasar por todo lo que yo pasé? Muchas preguntas. Las respuestas me provocaban tanta ansiedad que comencé a cuestionarme como sería su vida si yo no existiera mas.

Nunca antes había entendido como alguien podría considerar el suicidio. Me parecía una opción para cobardes. Solo los que no sabían como enfrentar una situación difícil elegían cometerlo. Consideré mis opciones. Podría revelarles a mis padres que era un monstruo, un degenerado (en sus ojos) y matarlos del sufrimiento. No se podrían perdonar, asumiendo toda la culpa por haberme criado mal. La otra opción seria que yo desapareciera. Sufrirían por la perdida, pero mantendrían la imagen que tenían de mi. Las emociones me tenían la mente nublada. Estaba tan confundido! El peso de mi niñez volvió a caer sobre mis hombros. Todos los secretos que había guardado por tantos años estaban por ser revelados. Gente homosexual muere en todo momento alrededor del mundo. Maltratados, violados, físicamente abusados. No había escuchado ni una sola vez que alguien en Paraguay se levante a defender a los homosexuales abusados por la sociedad. No esperaba recibir apoyo alguno.

Estaba solo. Toda la vida había contado con amigos, mi pastor, grupos de oración o mi familia cuando los necesitaba. Esta vez arriesgaba perderlo todo. No sabía de ni una sola persona que viva abiertamente en mi país. Podría ser que después del rechazo nunca vuelva al Paraguay? Después de la perdida de mi “familia espiritual”, posiblemente podría enfrentar la pérdida de mi familia y mi país. Hoy en día se que esos temores eran tan extremos! La persona que se sale del closet arriesga todo. Aunque parezca exageradamente dramático, en ese momento uno piensa que son todas posibilidades realistas (y para muchos lo son).

Me di cuenta de que la persona que considera el suicidio no necesariamente piensa en el acto de matarse, sino en el deseo de dejar de ser. Esta segunda opción parecía prometer un descanso del temor y la inseguridad que había sentido desde chico. La nada para mi, y un desviado sexual menos para el resto del mundo. Parecía un trato justo. Recordé que hace tiempo en una reunión con amigos, alguien dijo que quería meter a todos los “putos” en un edificio y quemarlos. Las otras personas presentes se rieron. Considere mis opciones. Pensé en maneras de desaparecer. Siendo que vivía en dos ciudades, las personas en cada ciudad asumirían que estaba en la otra. Nadie saldría a buscarme por unos días, lo cual asegurarían que nadie me interrumpa o me salve. Pensé en los detalles de cómo lo haría. Durante ese tiempo, mi ansiedad se redujo. Estaba lejos de sentirme feliz o en paz, pero sentía una ausencia de emociones que me daba una sensación de descanso. Creo que esa ausencia de emociones cumple un rol importante cuando alguien esta a punto de cometer un acto tan trágico. No tenia deseos de escuchar música, no prendía la TV, apenas comía. Parecía estar en piloto automático.

Un domingo a la noche iba manejando de vuelta a la ciudad donde trabajaba, y donde compartía el departamento con mi amiga. No había tráfico. Eran alrededor de las 11pm. Note que iba pisando mas fuertemente el acelerador. Sentía una ausencia de emociones que nunca había conocido antes. Parecía que estaba testeando si sentiría algo si iba a una velocidad mas alta… Iba tan rápido que podría perder mi licencia si se me descubría. Pensé en la posibilidad de chocar el carro.

En ese momento sonó mi teléfono. Era mi amiga. No atendí. El sonido del teléfono era lo único que se escuchaba. Hasta que paró. Luego sonó el “bip” anunciando de que mi amiga había dejado un mensaje de voz. Bajé la velocidad. Escuché el mensaje que me preguntaba a qué hora llegaría. Todas las emociones volvieron a mi. La llamé de vuelta. Los dos estábamos en entrenamiento para ser psicólogos, por lo cual lo primero que le dije fue, “si yo fuera mi paciente, me internaría en un hospital”. Ella me hablo tranquilamente, pero note que comenzó a llorar. Se quedo conmigo en el teléfono hasta que estuve cerca de la casa. Me esperó en la puerta. La abrace y comencé a llorar. Un mar de lágrimas dejo sus hombros empapados. No sé por cuanto tiempo quedamos así. Seguía llorando con todas mis fuerzas. Parecía una eternidad. Sentía como que todo el peso sobre mis hombros iba desapareciendo. Cuando me tranquilicé, le conté que cuando por fin enfrenté mis temores y decidí salirme a mis padres, mis hermanos confirmaron mis miedos. El hecho de que ellos temían lo mismo que yo me hacía pensar que los temores eran justificados. Yo sería culpable del sufrimiento de mis padres por el resto de sus vidas. Arruinaría a mi familia. Toda mi vida había vivido con el objetivo de ser perfecto ante los ojos de otros. Tenia un secreto que debía guardar con mi vida. Pero ahora el secreto desaparecería. Todos me verían por quien era en verdad. Esto podría ser el paso mas liberador de mi vida, o el momento en que todo se iría a la mierda.

Decidí que no podía seguir viviendo en temor, ni podía seguir viviendo con secretos. Me desperté de las emociones anestesiadas y acepte el desafío que estaba frente mío. Igual, quería respetar las opiniones de mis hermanos. Les escribí, contando parte de lo que había vivido en la semana anterior. Les dije que tenia dos opciones: viajar al Paraguay y hablar con mis padres o postergar el viaje y quedarme en los EEUU por navidad. No podría volver a verlos y callarme. Mis hermanos entendieron. Claro que no tenían idea de que sus respuestas habían tocado una herida tan profunda. Uno de ellos me pidió que hable con el pastor de mis padres antes de hablar con ellos. Acepté y confirmé mis pasajes.

(Esta historia continúa aquí: La conversación más difícil de mi vida)

El testimonio que nunca dí en la iglesia

Cada año, en los meses de Agosto y Setiembre, me acuerdo de uno de los tiempos mas difíciles de mi vida, que ocurrió en esos meses en el 2007. Este año hace 5 años desde que me despedí de quienes yo pensaba eran mi mayor sostén.
Siempre supe que yo era diferente. Como niño no sabia articularlo, pero sabia que no era igual a los nenes y no me sentía completamente a gusto con las nenas. Mis gustos se alineaban mas con las nenas, pero igual no me sentía completamente cómodo. Además, la sociedad, los otros niños y adultos a mi alrededor, constantemente me daban a entender que lo que venia desde muy dentro mío (mis gustos, mis sueños, mis hobbies) estaban mal y que yo tendría que hacer “algo” para cambiar y parecerme mas a los otros nenes.
Aprendí a esconder mis juguetes desde muy chico. Mis barbies tenían su casita en mi armario (si, y jugaba en el closet!). Aprendí a callarme y no expresar cosas que sentía adentro. Hoy en día se que ese nene con quien TANTO quería tener una amistad fue mi “primer amor” a los 7 años. Sabia que lo “correcto” era gustarse de niñas, así que elegía a mis mejores amigas como las niñas que me gustaban (esta costumbre me persiguió hasta adulto y afecto varias relaciones). En resumen, todo lo que venia de dentro de mi estaba mal. Nací mal. Mi personalidad no era aceptable y tenia que cambiar. Sabia que eso no era posible, así que aprendí desde muy chico a mantener apariencias y vivir en el closet sin saber que ese era un concepto tan común.
A los 13 o 14 tuve una experiencia espiritual y comencé a involucrarme en la iglesia. Aprendí a hablar un lenguaje de sinónimos, expresando mis luchas y dificultades en palabras que guardaban mi secreto. Escuchaba sermones y mensajes que hablaban de personas homosexuales como violadores, pedófilos y personas asquerosas. Yo no era eso! Yo no era homosexual…. solo era diferente. Oraba que Dios me cambie. Lloraba noches enteras, buscaba el cambio por medio de congresos cristianos, música de alabanza, ayunos… todo lo que estaba a mi alcance.
A los 17/18, me había convertido en alguien que siempre sabia que responder cuando algo se relacionaba a la biblia o la vida cristiana. Mi deseo de cambiar quien era dentro mío se había convertido casi en una obsesión. Era una obsesión que me comía por dentro, pero que era apoyada por todos. Era como darme latigazos a mi mismo cada día, y tener a todos mis conocidos aplaudiendo alrededor. Buscaba consuelo en la palabra de Dios, en las promesas de la biblia, y mis oraciones. No podía compartir esto con nadie, porque sabia que seria rechazado no solo de la iglesia, sino de mi familia y de la sociedad. Cuando pedía oración, sabia que palabras usar para recibir el apoyo de la oración comunal sin revelar la verdadera razón. Gente alrededor mío se asombraba de mi dedicación a todo lo espiritual, sin entender que mas bien era un grito de desesperación para borrar y desinfectar no solo lo que había dentro mío, sino una gran parte de quien yo era.
Mas o menos en ese tiempo había aprendido los términos “homosexual” y “gay”. A través de internet, había conocido a otras personas que eran como yo, pero Vivian escondidos. Algunos de ellos casados, o con novia. Eso me hacia pensar que ser homosexual siempre equivalía al engaño y la hipocresía. Conocí a un señor del que se me había dicho que era gay. Sin necesidad de palabras o de hablar del tema, creo que reconoció mi grito de ayuda y ofreció su amistad. Sin embargo, poco tiempo después se suicido, lo cual me dio el mensaje de que este inevitablemente seria mi destino… solo era cuestión de tiempo. Otras personas me dijeron que se enteraron de que el era gay, y que Dios me había protegido. Esto me comunicaba dos mensajes adicionales: 1) gay equivale a pedófilo/violador, 2) Dios me tenia que proteger de otros que eran como yo. Mensaje resultante: yo era un monstruo y nadie se podía enterar.
El internet también me expuso a ministerios cristianos que prometían una cura. Leí miles de artículos, entrevistas e interpretaciones de la biblia que negaban la existencia de una orientación homosexual y en vez denominaban el tema como “tentaciones sexuales”, una desviación de lo normal estrictamente conductual y no una cuestión biológica (como ya lo ha demostrado en gran parte la comunidad medica). Este concepto era de importancia fundamental porque al no ser parte de la naturaleza de uno, la posibilidad de cambio era mas grande. En esencia, Dios me habría creado heterosexual pero por culpa de interacciones disfuncionales con mis padres, algo no maduro correctamente dejando una desviación emocional que se manifestaba por medio del deseo sexual. Me comí estas interpretaciones como quien se deja estafar con la promesa de ganarse la lotería. El riesgo de ser rechazado por mi familia, o de matar de un ataque al corazón a mi padre y dejar en depresión terminal a mi madre podría ser completamente eliminado si tan solo confiaba en Dios, renunciaba a la “atadura homosexual” y aceptaba la sanación emocional que estos ministerios prometían.
Varios años, cursos y un exorcismo después, todo seguía igual. La esperanza de cambio permanente me daba fuerza y alivio momentáneo. Poder compartir mis “luchas” y “tentaciones” con otras personas daba una sensación de ser comprendido. Todavía era un monstruo, pero no era el único. En el proceso hable con el pastor de la iglesia donde asistía y dirigía la alabanza. Su respuesta me dejo con sentimientos encontrados, ya que me dijo que mientras este arrepentido de mi pecado, la homosexualidad no me hacia diferente a los mentirosos, borrachos, ladrones o asesinos arrepentidos (que recibían la gracia de Dios). A pesar de que ese mensaje pretendía comunicar perdón y aceptación, igual seguía poniéndome a un escalón mas bajo que todos los demás. Me comparaba a los peores pecadores arrepentidos. Además, siendo que mi orientación sexual venia de un lugar tan dentro mío, mi pecado era algo que yo ERA y no algo que hacia. Una vez mas internalice el mensaje ya que por un lado resonaba con el concepto negativo que tenia de mi mismo y por el otro me daba aunque sea un gota de aceptación.
El estira y encoje, junto a toda la energía necesaria para guardar mi secreto y al mismo tiempo intentar comprender lo que pasaba en mi interior me comenzó a pesar mas y mas. Comencé a sentirme mas y mas deprimido. El trabajo que anteriormente amaba comenzó a ser un peso mas. Me canse de la mayoría de mis amigos, ya que dentro mío creía que si me conocieran de verdad, no serian mis amigos. La admiración que me había ganado en la iglesia sabia mas a hipocresía que cualquier otra cosa, ya que todas esas personas solo sabían lo que veían y no todo lo que había detrás. Mis noviazgos con mujeres terminaban en que yo no podía dar lo que no poseía, y la otra persona era lastimada. La tensión y depresión dentro mío me llevo a tener encuentros sexuales con otros hombres que por mis sentimientos de culpa me dejaban vacío y con mas odio hacia mi mismo y mi naturaleza. Mi familia noto que estaba perdiéndome, pero no entendían la razón. Sin dirección profesional o espiritual, deje de ir a la iglesia con excusas que se me estaban acabando. Sabia que me tenia que escapar de ese entorno sofocante.
Mi padre, quien es uno de mis héroes hoy en día, me ayudo a descifrar un nuevo rumbo profesional. Quería ser psicólogo y ayudar a otros (o ayudarme a mi mismo primero!). Decidí ir a los EEUU, a una universidad cristiana. La esperanza de estar cerca de ministerios para “ex-gays” me dio fuerzas. Había leído varios libros de ex-gays y esperaba ser uno de ellos algún día. En Julio del 2005 aterricé en los EEUU, con la promesa de una nueva vida. Uno de mis primeros objetivos, inscribirme en un curso de sanación emocional (así lo denominaba la organización).
Fui a todas las reuniones, conocí a otros miembros y lideres de estas organizaciones, leí, ore… y SORPESA: seguía vacío. Me involucre con el ministerio musical de una iglesia. Desde siempre, la música había sido un refugio para mi. Cuando cantaba todo mi estrés desaparecía. Tiene sentido entonces que aprovechaba cada oportunidad, cada culto, cada noche de alabanza, para “drogarme” con arreglos musicales y juegos vocales.

En medio de todo esto, la madurez que idealmente acompaña el proceso de cumplir años, me dio fuerzas para salirme del closet con mis amigos mas cercanos. Me moría de miedo cada vez, pero casi todos respondieron con el amor que siempre me dieron. Fui muy selectivo en esta decisión, y solo me salí con quienes me sentía seguro. Me di cuenta de que las amistades eran mucho mas profundas cuando recibía la aceptación plena por ser quien era de verdad, y no por lo que pretendía ser. Por otro lado, había construido una imagen de “persona perfecta” y cuando mis amigos vieron que estaba lejos de eso, también se sintieron mas seguros conmigo.

Estar lejos de casa definitivamente me ayudo a poder analizar todo esto con una cabeza mas fría y menos emocionalmente atada. Era un requisito del programa universitario ir a ver a un psicólogo por unas cuantas sesiones, para saber lo que se siente estar en el lugar del paciente. Fui junto a una psicóloga cristiana y decidí sacar el máximo provecho a cada sesión. La primera sesión duro 2 horas porque le vomite toda mi historia. Era la primera vez que podía realmente contar todo sin preocuparme por como seria recibido. Seguí yendo junto a ella por mas sesiones de lo requerido. La psicóloga era muy cuidadosa, y explico que no quería guiarme a una decisión, sino acompañarme en este camino. Ella me señalo libros por ex-gays (que ya había leído) y también de gays cristianos (de los cuales nunca había escuchado). Aprendí que había gente que era gay y cristiana al mismo tiempo.
Mi paradigma de que una persona homosexual era alguien que vivía una mentira secreta se vio desafiado. Fui aprendiendo como parte de mi carrera de psicología, que el homosexualismo no era un desorden mental y que había muchas personas homosexuales que Vivian muy felices. Investigue mas profundamente y encontré que estudios que mostraban que 1) la orientación sexual esta fija desde nacimiento en la mayoría de los casos, especialmente en hombres, 2) las personas que negaban su orientación sexual homosexual vivían con mas estrés, depresión y ansiedad, a pesar de acudir a ayudas espirituales en las iglesias, y 3) Las mujeres que se casaban con hombres supuestamente ex-gays vivian con muchos conflictos internos arraigados en el rechazo sexual por sus maridos, y ultimo, 4) Ni siquiera las organizaciones ex-gay creían en un cambio fundamental en la orientación sexual. Mas bien predicaban un cambio de conducta, parecido al celibato de padres católicos. Además, el tiempo promedio en que un ex-gay permanecía ex-gay era muy corto. La mayoría (incluyendo los fundadores del mayor ministerio en los EEUU) terminaban aceptando su orientación y siendo mucho mas felices de esa manera.
Mi próximo paso era consolidar mi vida espiritual con todo este crecimiento intelectual. Leí interpretaciones de los versículos bíblicos que hablaban sobre el homosexualismo. Aprendí que las interpretaciones eran múltiples. Pero, por sobre todo me quedo claro que la biblia en ni un solo versículo hablaba de una relación de amor entre dos hombres. Todos los versículos bíblicos condenando el homosexualismo se referían a violación, prostitución, o promiscuidad extrema. Pero, por sobro todo sentía una paz interna como nunca antes. Muy dentro mío sentía que el ser supremo en el que creía me decía que debía aprender a amarme a mi mismo. Tal cual era. Así mismo. El ya me había creado de la manera en que yo debería ser.
Mientras tanto, en terapia aprendí que mi atracción no era tan solo sexual. Quería una relación. Cuanto mas se iban sanando mis heridas emocionales, mis deseos se convirtieron mas saludables también. El sexo vacío dejo de atraerme de la misma manera y comencé a desarrollar un anhelo hacia una relación profunda y significativa. Admitir que podría AMAR a un hombre fue un gran paso. Por alguna razón que solo puedo explicarla como homofobia internalizada, hasta ese momento pensaba que tener sexo con un hombre y amar a ese hombre eran dos cosas MUY diferentes. Bueno, todavía lo creo! Pero la manera en que lo veía era que yo podría ser un hombre que tiene sexo con otro hombre, pero si amaba a ese hombre… eso me hacia un maricón! Todavía recuerdo el momento en que dije a mi psicóloga: “lo que en realidad deseo es amar a un hombre que me ama. Quiero amor con un hombre”. La relación entre homosexualidad y una falta de masculinidad fue desvaneciendo. De un momento a otro me fue claro que puedo ser un hombre completamente masculino y amar a otro hombre. Sanidad emocional al fin.
Comencé a anhelar esa relación saludable. Comencé a mover imágenes, sueños, proyectos mentales. Me di cuenta de que: 1) No tenia razón para creer que ser homosexual estuviera en contra de la voluntad de Dios, 2) Lo mas saludable a nivel emocional era aceptar la orientación de uno. No podía seguir viviendo una mentira.
Y así llego Agosto del 2007. Hable con el pastor de mi iglesia en Virginia Beach. Bueno, digamos que el hablo conmigo. Mas bien me predicaba. No había mucha conversación. La primera vez que fui, el ya tenia abierta la biblia en uno de esos versículos bíblicos que hablan de prostitución masculina. Ja! Sera que pensó que nunca había leído esa parte? Sin embargo, al final de cada una de las 3 citas que tuve con el, me dijo que algo dentro suyo le decía que estaba en el camino correcto. Cuando definí que no podría seguir viviendo una mentira, la respuesta fue que en cuanto comience una relación con otro hombre, debería dejar la iglesia. Me pareció absurdo, ya que podría ser un hombre que acepta su homosexualidad, con tal de que no tenga una relación romántica… o sexual? Mas que nada este pastor (y muchos pastores) estaba enfocado en el sexo (ya que la biblia solo habla de sexo en este sentido… nunca presenta una relación amorosa).
Y así, tuve que salir de la iglesia. El siguiente paso fue afirmarme aun mas, y revelarles a mis padres la verdad. La había ocultado todos estos 27 años para protegerles del dolor de saber que tenían un hijo que era un monstruo. Pero en el ultimo año me había dado cuenta de que ser gay no era ser un monstruo. Era un regalo, un don bello. Era lo que era… desde nacimiento, desde siempre. Aprendí a amarme como era. Y por primera vez en mi vida, podía respirar felicidad y paz.
Acostumbrarme a no tener una familia espiritual, y no tener la música fue una de las cosas mas difíciles que enfrente en la vida. Busque otra iglesia y me encontré con mas rechazo, pero me di cuenta de que todo el proceso fue una bendición oculta. Me aleje obligadamente de un entorno donde se me enseñaba que había nacido fallado, de que iba al infierno, de que no podría nunca ser feliz si me aceptaba a mi mismo. Tuve que abandonar una comunidad que me empujaba a tener una relación lejos de saludable con una mujer en vez de pasar el resto de mi vida con el hombre que hoy amo. Un grupo de personas con una imagen de amor muy limitada. Un grupo de gente que prefería que yo viva en depresión como lo había hecho, antes de vivir en la plenitud en que vivo hoy en día. Una organización que dijo ser mi familia, hasta que me conocieron de verdad. Un grupo de gente demasiado “buena” para poder invitar a una persona como yo a ser parte de ellos.
2007 fue el año de mi redención. Cuando prácticamente me echaron de la iglesia, cavaron una herida profunda de rechazo en mi. Pero fue una de las mejores cosas que me podría haber pasado en la vida. Hoy en día soy libre del abuso espiritual y emocional.
Esa es la razón por la que los meses de Agosto y Setiembre me tienen melancólico. No me pongo triste. No me arrepiento en ningún sentido de nada. Mas bien honro el recuerdo de todo lo que pase. No se de donde saque las fuerzas, pero me di cuenta de que soy mas fuerte de lo que pensé. Me pude liberar de un entorno sofocante. Me levante contra mi abusador.
Los que me conocen saben lo feliz que soy hoy en día. Nunca podría haber llegado a esta vida con un marido espectacular y una hija hermosa si no hubiese dado ese paso! El próximo paso fue enfrentar a mi familia. Y de ahí, a pesar de mi temor (o debería decir terror?) de lo que podría llegar a ser, todo fue de bien en mejor.
Alcance la felicidad. Quizás otro día escriba sobre lo que sucedió del 2008 en adelante. Por ahora estoy celebrando mis 5 años de libertad.

 

(Esta historia continúa aquí: La Oscuridad Antes de mi Amanecer)