Un año después…

Suenen los violines. Siento que se me suben las emociones y voy a volver a usar este medio como mi diario personal. Anoche me levanté cada dos horas para ver que estaba pasando con Zoe. Hace un año estábamos haciendo lo mismo, excepto que era el despertador que nos despertaba, y no un bebé llorando. Después de tantas noches de insomnio que precidieron a esa noche, no se como logramos dormirnos de nuevo cada vez que nos avisaban que no habría avances en las siguientes dos horas. Aunque la familia biológica de Zoe trataba de darnos toda la seguridad de que no iban a cambiar de opinión, mis emociones estaban un desastre compuesto de incertidumbre, ansiedad, incredulidad, ruegos para que todo resultara… y esperanza.   Nos alojamos en un hotel cerca del hospital por un par de días. Una vez nacida Zoe, nos permitían visitar a Zoe en una pequeña habitación, sin ventana, del tamaño de un closet, que sólo cabía dos sillas, una piletita y el moises del bebé. Allí estuve sentado durante 3 días, contemplando ese milagro asombroso, hablando con ella, cantándole, llorando, llenando mi teléfono con fotos y videos de un bebe que no hacía nada. Sentía que aunque la veía por primera vez, ya nos conocíamos profundamente desde siempre.

Luego siguieron varios meses en que no dormí practicamente nada. Mi vida cambió completamente. Lo que estaba viviendo no tenía ningún parecido con nada que haya vivido antes. Nos habían dicho que nunca estaríamos completamente listos para ser padres. No estoy de acuerdo. ¡Yo estaba listo! Tal vez dependa de como lo veas. Yo no estaba preparado para ser un padre perfecto, pero sí dispuesto a trabajar con todas mis fuerzas para para que esta pequeña se sienta como la niña más amada en la tierra.

Luego estaba el otro proceso que ocurría dentro mío, el cambio en mi identidad. Las prioridades no sólo cambiaron de salir todas las noches a cambiar pañales y lavar biberones.

Siempre compartí mis convicciones. Cuando era un cristiano, esto significaba compartir la esperanza y la fuerza que me daba mi fe. Después mi fe se derrumbó cuando me di cuenta de que tenía que ser alguien que no era para ser aceptado en la institución de los santos. Cuando me di cuenta de que ya no podía vivir esa mentira, estaba consciente de lo que arriesgaba. Podría perder toda la gente a quién yo llamaba familia y amigos. Pero lo más aterrador fue la idea de perder el sueño de que algún día me convertiría en un hombre de familia. Un papá. Necesitaba ser sincero y vivir mi verdad, así que comencé a prepararme para enfrentar mis posibles pérdidas.

No perdí mi familia, y solo perdí algunos amigos (que en realidad nunca lo fueron). Conocí a Leo y desde entonces comencé a sentirme como si vivía un sueño. Me enamoré por primera vez y finalmente supe lo que era el amor. Luego nos embarcamos en el viaje para convertirnos en padres. A través de los altibajos de los dos años en este proceso, fui de estar esperanzado a renunciar al sueño, y de vuelta a la esperanza. Luego tuvimos la charla. Hablamos de lo que pasaría si esto no nos iba a salir. Decidimos enfocarnos en nuestra relación y encontrar la felicidad sin importar el resultado de este proceso.

Tres meses más tarde recibimos el email de la madre biologica de Zoe. Dos semanas después de eso, fuimos papás.   En cierto modo, Zoe culminó mi viaje de la represión a la aceptación. Ella tiene un efecto completamente contrario que los hermanos cristianos que conocía tenían sobre mi. Hace relucir en mí quien soy en realidad.

Siento que fui padre toda mi vida, solo que no tenía hijos todavía. Sabía que había nacido para esto, pero durante muchos años todos mis seres queridos me decían (con y sin palabras) que no estaba en condiciones de ser padre y que yo no era lo suficientemente bueno. Tendría que ser transformado por Dios de cierta manera que no era necesario para ellos, ya que habían nacido bien.  Yo era profundamente defectuoso, y este defecto me hacía incapaz de dar a mis futuros hijos con el amor que necesitaban.

Y ahora aquí estamos. Hoy puedo reflexionar sobre todo esto sin sentir el dolor al que esta tan acostumbrado.

Creo que es muy importante resolver nuestros problemas emocionales cuanto mas podamos antes de tener hijos. Nuestros hijos no deberían sufrir las consecuencias. Es por eso que el proceso que precedió a Zoe fue tan importante para mi. El dolor me dejó, y ahora soy libre. Soy libre para ser quien soy, de amar me, y luego verter todo ese amor sobre mi esposo y mi hija. El 24 de marzo de 2012 mi vida pasó de la teoría a la práctica. Ya no necesito reflexionar tanto sobre todo este tema. Solo necesito enfocarme en vivir este sueño hermoso todos los días.  Tal vez sea por eso que no puedo dejar de compartir fotografías de ella en FB. Tal vez todavía no pueda creer que esté viviendo este sueño. Y es que no es un sueño. ¡Es mi vida real! A veces huele a perfume de bebés y otras a pañal. Estoy lejos de tener una vida perfecta, pero estoy inmensamente agradecido.

Feliz cumpleaños, Zoe!

PS: Zoe significa vida.

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Foto: Zoe con sus papas, mama biológica y abuelos en su primer cumpleaños.

 

(El proceso de adopción lo relaté en las notas Nuestro final feliz, Parte I y Parte II)

Nuestro Final Feliz, Segunda parte

Esta es la continuación de la historia de adopción de nuestra hija Zoe. La primera parte la pueden encontrar aquí: Nuestro final feliz, Primera parte. La nota fue originalmente escrita en Mayo 2012, pero quise compartirla con ustedes. Aquí va:

Estábamos boquiabiertos, con ojos de huevo frito. El tiempo se detuvo mientras procesamos las emociones que nos subvenían. Sentimos como si alguien nos hubiera raptado de nuestro día a día y tirado en medio de un futuro que siempre habíamos deseado. Demasiadas cosas en que pensar y ni un segundo que perder pensando! Las próximas semanas podrían convertirse en las mejores y más memorables de nuestras vidas. O, podrían ser las peores. “Nada está definido”, nos decíamos entre los dos para mantener una actitud realista.

Acabábamos de regresar de Georgia un domingo por la tarde. Lo primero en la agenda era sentarnos con nuestros vecinos y hablar de lo que necesitábamos comprar/conseguir/preparar. La mamá de Leo se iba a venir ese martes para ayudar a preparar el cuarto de bebe. Teníamos que pintar las paredes, armar la cuna…. emm… no teníamos cuna! Leo y yo teníamos que ir al trabajo y avisar que estaríamos faltando porque estabamos por adoptar. Al principio, pensamos que el bebé podría venir ese mismo martes (en 4 días!). Pero después recibimos la confirmación de que Fiona seria no inducida hasta la tarde del sábado. Ok, eso nos da cinco días! El embarazo mas corto de la historia.

Fue en ese momento que decidimos a lanzarnos de lleno.  Podríamos estar emocionadisimos (y lo mas preparados posible) cuando esta niña llegue a nuestras vidas, o nos nos estrellaríamos completamente desilusionados si la madre biológica cambiaba de opinión. A pesar de enfrentar todo con cautela en un primer momento, todo el mundo alrededor nuestro estaba super contento. Nos felicitaban, nos preguntaban cosas sobre el proceso, y nos decían que nos preparemos para noches sin dormir. Nos regalaron dos cunas (una fue a la casa de la abuela), ropas, frazaditas, y muchas cosas mas. Así que ya nos era imposible proteger nuestras emociones en ese momento. Decidimos disfrutar el proceso al máximo y asumir el riesgo. Lo que no nos mata nos hace más fuertes, ¿verdad?

La semana pasó rapidisimamente. Yo ya había renunciado en mi trabajo de todos modos, así que solo tenia que decirles que me iría unos días antes. Mi plan de comenzar a trabajar en un consultorio quedaba muy bien con todo, ya que me podría tomar un par de meses de tiempo y poco a poco construir una base de clientes. Además, las vacaciones de primavera se acercaban y Leo podría quedarse en casa por una semana. A pesar de que Fiona no seria inducida hasta el sábado por la tarde, decidimos salir la noche del viernes y quedarnos a dormir a mitad de camino. A las 8am del sábado sonó mi teléfono. Estábamos a punto de salir cuando la madre de Fiona nos llamo. Fiona ya estaba en el hospital. No estaba segura de qué tan rápido las cosas podrían progresar, asi que nos dijo que viniéramos tan rápido como sea posible. Todavía teníamos 4 horas de viaje! No desayunamos. Tiramos las valijas al coche y tratamos de no pasarnos el limite de velocidad a mas de 9 puntos (que es lo que se “tolera” aquí). La mama de Fiona nos mantenía actualizados del progreso por mensajes. Uno pensaría que estas 4 horas pasarian lentas ya que estábamos tan apurados. Sin embargo, se sentían como 30 minutos. Nuestras mentes estaban volando. No había tiempo ni siquiera para mirar el reloj. Probamos los límites de nuestros cuerpos al no parar para ir al baño (esto se convirtió en una costumbre durante las primeras semanas de vida de Zoe). Llegamos al Hospital. ¡Qué increible sensación! Nuestro bebé naceria en cualquier momento! Cuando llegamos a la habitación de Fiona, nos informaron que todo estaba bien. Ahora sólo teníamos que esperar. Su mamá nos compró una pequeña oveja de peluche para que la tengamos por nuestro cuerpo y así absorvería nuestro aroma corporal. La ovejita la dejaríamos con Zoe en su camita después. ¡Qué hermoso gesto. (La oveja terminó siendo utilizado como un “stressball” … muy útil!) El proceso de dar a luz fue como ocurre a menudo …. pasó una hora… después otra … después otra…

Anocheció y la doctora dijo que no esperaba nada antes de las 12am. Fuimos al hotel para dormir un par de horas (no sé cómo nos las arreglamos para dormir!). Regresamos a la medianoche, pero no había ningún avance. De vuelta al hotel y de regreso al hospital a las 3am. Seguíamos en lo mismo. Un viaje más al hotel y vuelta al hospital. A las 6am la doctora decidió hacer una cesárea. Tomó un tiempo hasta que todo fue arreglado y preparado. Solo nos quedaba esperar… y esperar… y esperar. La pobre Fiona estaba con tanto dolor y necesitaba ya que esto termine. Zoe, este sería un buen momento para que aparecezcas! Finalmente llevaron a Fiona a la sala de operaciones y nosotros a la sala de espera…

Que difícil la espera! Lloramos un poco mas, pero mas que nada camináramos de un lado de la habitación al otro. Dos enfermeras salieron. Les miramos con caras de signo de interrogación. “El bebé caga muy bien!” dijo una. Hmm … así que todo está bien? Después la mamá de Fiona salio corriendo. Nos pidió nuestras cámaras (teléfonos) y corrió de vuelta a la sala de operación… ok … esa debe ser una buena señal!

Después de unos 15 minutos nos llamaron a la habitación. Fue ahi que nos entregaron el bebé más hermoso que jamás haya existido. La mama de Fiona nos estaba filmando. Lloramos. Yo abracé con todo a Fiona y no podía dejar de llorar. Definitivamente ella cambió nuestras vidas para siempre. Parecía sentirse bien. Estábamos todos inundados de emociones! Fue increíble. Nada se podría comparar a esta experiencia.

Y el resto es historia! Zoe no podía cruzar las fronteras estatales con nosotros hasta que recibamos cierta documentación, lo cual tardo dos semanas. Leo tuvo que volver por el trabajo . Su mamá vino a ayudar. Nos quedamos en casa de los padres de Fiona, lo cual también resulto de maravilla. Durante el día Zoe recibía cuidados y cariños de su nueva familia y su familia biológica. Todos se unieron para crear la mejor vida que sabíamos darle. Dos semanas más tarde, Leo voló a Atlanta para buscarnos. Regresamos y Zoe durmió todo el camino, excepto para comer y cuando “llenaba” su panial. Un último momento muy emotivo fue cuando salimos de la casa de la familia biológica. Los vimos despedirse de Zoe, lo cual nos dolio en el corazón. Al mismo tiempo, aquí estábamos… una familia de tres. Más lágrimas. Lo logramos!

Nuestro sueño ya no era un sueño. Cobro vida y ahora tiene nombre: Zoe.

PD: Zoe significa vida.

Zoe - GA - 1012

 

 

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Otros blogs relacionados: Se necesita un papá y una mamá? Miremos las evidencias, y lo que escribí cuando Zoe cumplió su primer añito: Un año después… Gracias por leer! 

Nuestro Final Feliz, Primera Parte

(Esta nota la escribí en mi cuenta de Facebook, para compartir con familia y amigos, pero decidí agregarla aquí. Es la historia de como adoptamos a nuestra hija Zoe. Lo escribí originalmente el 13 de mayo, 2012. Mis experiencias pre-adopción de mi vida en Paraguay y los EEUU esta descrita en estos tres capítulos anteriores: El testimonio que nunca di en la iglesia, La oscuridad antes de mi amanecer, y La conversación mas difícil de mi vida)

Wow. Es un día hermoso y estoy sentado en la terraza disfrutando de esta tarde de primavera. Nuestra hija Zoe está sentada/acostada en su sillita reclinada a mi lado estudiando los movimientos de un árbol y sus ramas. Nuestra vida cambio drasticamente desde el último blog! Hace tiempo que quiero escribir de nuestro milagro, pero no hace falta explicar lo ocupados que hemos estado, verdad? Así que aquí vamos:

Un sábado por la tarde, 9 semanas atrás, recibimos una notificación por correo electrónico diciéndonos que nuestro perfil de adopción había sido marcado como “favorito” por una mujer embarazada. No pensamos mucho al respecto, porque podría ser cualquier persona simplemente marcando 100 parejas para luego ir filtrando. A la mañana siguiente, otra notificación por email. Esta vez que alguien había escrito un mensaje para nosotros. Esperando otro mensaje de alguien de algún país lejano que tenia un bebé para nosotros siempre y cuando le enviemos unos cuantos millones, decidimos darle un vistazo. Yo lo leí primero. Mi escepticismo comenzó a desaparecer rápidamente cuando leí sobre una chica que estaba buscando padres para una niña. La beba nacería en aproximadamente 4 semanas, sumando a la intensidad y la urgencia de todo. Sin embargo, aun con todas las complicaciones que una situación como ésta puede traer, todo sonaba muy directo. Sin dramas. Ademas había algunas similitudes muy interesantes entre su familia y las nuestras. Le miré a Leo, diciéndole que lo lea. “Creo que me me cae muy bien!” le dije.

Después de unos cuantos emails, parecía que esto realmente podría ser real. ¿Podría ser? Todo parecía demasiado bueno para ser verdad. Planeamos una llamada telefónica con la madre biológica (Fiona) y su madre para ese lunes. Era difícil concentrarse en nada mas ese día. A lo largo de este proceso, lo habíamos comparado al proceso de conocer a alguien online. Algunos aspectos de la comparación volvieron a aparecer. Si no recibía una respuesta de inmediato, releia mi correo electrónico, preguntándome si había dicho algo malo. Leí todo lo que escribí, tratando de imaginar de cuántas maneras podría ser mal entendido y esperando que no fuera así. ¿Sonamos muy necesitados? Demasiado emocionales? Demasiado fríos? Y luego venia la respuesta. preocupación y ansiedad por nada. Esa noche tuvimos la conversación por teléfono y todo lo que podría decir para describir como fue es que se sentía increíblemente natural. Planeamos una visita para el próximo fin de semana. vivían en un suburbio de Atlanta, GA. Preparamos las maletas y confíamos en nuestra intuición. Al mismo tiempo, Fiona estaba en contacto con nuestra agencia de adopción. Ellos nos avisaron que todo parecía estar en orden. Georgia, aquí vamos!

Fue cuando llegamos a su casa que todas las comparaciones con citas por internet se acabaron. Nos bajamos del coche nerviosisimos, y yo recuerdo que dije nunca haber experimentado nada ni remotamente parecido. Sera que la madre biológica de nuestra futura hija pueda estar detrás de esa puerta? ¿Como sera ella? ¿Les gustariamos, o cambiarían de opinión despues de conocernos? Nuestro perfil de adopción contaba todas las cosas maravillosas acerca de nosotros … ¿y si se daban cuenta de las cosas no tan lindas de nuestras vidas? Demasiadas preguntas. En ese momento ni sabíamos si nos habían dado una dirección falsa. No había tiempo para reflexionar sobre todo esto. Seguimos nuestro camino hasta la puerta y tocamos el timbre (o tocamos la puerta, solo recuerdo una nube de nerviosismo)

Fuimos recibidos por un perro ladrando, y el papá de Fiona, que lo estaba atajando. El perro se tranquilizó y nos dimos cuenta de que lo único que quería era conocernos y hacer nuevos amigos. Ok. El perro nos quiere! Ahora a conquistar al resto de la familia.

Fiona se acercó a nosotros y me quede congelado. Le mire exclamando, “Oh my God!” Por un lado pensando, “Esto es real!” Y por el otro, “Ella podría ser la que de vida a nuestra hija!” Demasiado loco. Nos abrazamos y su mamá vino de la cocina nerviosa gritando: “Nunca hemos hecho esto antes!” Todos nos reímos, y Leo y yo admitimos lo mismo. La madre de Fiona estaba preparando “brunch” y olía delicioso. Fuimos a la cocina, donde conversamos mientras ella terminaba. Era una interesante mezcla de charla superficial e intercambio mas personal. La única expresión que describe el latido de nuestros corazones es que latían “a toda p…!” (pongo puntitos porque se que mi mama leerá esto jaja). Sin embargo, todo se sentía simple y sencillamente natural. Esperábamos que fuera incómodo, pero no fue así. seguíamos descubriendo más y mas cosas que teníamos en común. Un detalle importante era que todos ellos procedían de Alemania. Hablamos una mezcla de alemán e inglés, que es lo que Leo y yo hacemos en casa todo el tiempo. Leo y yo nos miramos el uno al otro cada vez que alguien decía algo que sonaba como cosas que se dicen en nuestras familias.

Mientras todo esto ocurría, las preguntas internas continuaban. Estaban ellos sintiendo la conexión al igual que nosotros? ¿O solo nos trataban con amabilidad? Siendo alemanes, nos daba confianza que lo que decían era exactamente lo que sentían. Eso hizo que fuera un poco más fácil. Por otro lado nos preguntábamos, deberíamos mostrarles lo emocionados que estábamos acerca de todo esto? Nada estaba definido hasta incluso después del nacimiento, así que no queríamos que se sientan presionados. No queríamos sonar muy fríos. Al mismo tiempo no queríamos que piensen que no sabíamos controlar nuestras emociones (las lagrimas siempre “a punto”), pero queríamos expresar lo mucho que deseábamos ser padres. No queríamos decir nada que pudiera cambiar su opinión acerca nuestro. Demasiados pensamientos y emociones encontradas. Teníamos que confiar en que lo que estaba destinado a ser, se cumpliría.

A continuación, para añadir a nuestro entusiasmo y “remolino emocional”, nos dijeron que el bebé podría llegar temprano … tan pronto como la próxima semana! Y luego, nos dijeron que nos querían llevar a ver una ecografia 3D. ¿Podríamos de hecho llegar a ver a “nuestro bebé” ese día? Increible. La emoción y la conciencia de que nada era seguro creaba una tensión impresionante dentro nuestro. Por suerte no había tiempo para pensar en mucho de esto.

Después de comer nos sentamos en la terraza. Era un hermoso día de primavera. Nuestros nervios se relajaron un poco y conversamos tranquilamente. Todo se sentía tan bien. Por la tarde nos fuimos a la ecografía. Al principio, Zoe estaba cubriendo sus ojos con ambas manos, pero más tarde pudimos ver su pequeño rostro tan hermoso. ¡Qué momento! Durante los primeros 20 minutos de la epigrafía estábamos más centrados en descifrar lo que estábamos viendo (una mano! una carita! pies!). Bromeamos y reímos mucho. Al final nos dejaron escuchar el latido del corazón. No puedo explicarlo, pero todos empezamos a llorar.

después de la ecografia, Leo y yo fuimos a tomar un café y la familia de Fiona volvió a la casa. Nos acomodamos en unos sillones gigantes. Ninguno de los dos sabía qué decir. No había palabras! Sólo nos quedamos mirando la nada hasta que una nena paso frente a nosotros. Tenía unos 11-12 años de edad, pero llevaba unos shorts muy cortos y ajustados, una remerita y botas. Nos miramos, sólo diciendo: ummmm…. uh uh. Nope! Not happening. Not at our house!” (No, no le dejaremos! No en nuestra casa!)

Comenzamos a hacer una lista de cosas que se necesitábamos hacer en caso de que seamos padres en.. unos pocos días? Avisamos a nuestros amigos, que de inmediato empezaron a ponerse en campaña para conseguirnos las cosas esenciales que necesitaríamos. A lo largo de la tarde, recibíamos mensajes de texto avisándonos que teníamos un carrito, un asiento para el auto, etc. También llamamos a la mamá de Leo, que grito como si hubiera calificado para ir a Hollywood con American Idol. Teniamos un poco mas de tiempo antes de volver a la casa y decidimos parar en Babies R Us. Miramos todo, intercambiamos opiniones acerca de lo que nos gustaba y lo que no, colores, juguetes, ropa … Se sentía tan increíble. También nos dimos cuenta de que no teníamos idea de lo que necesitaríamos! Por dónde empezar? Nos habremos visto completamente shockeados, con los ojos abiertisimos. Seguramente la gente de Babies R Us ven esto frecuencia.

Para la cena, Fiona y su familia nos llevaron al restaurante donde ella trabajaba. Conocimos sus compañeros de trabajo. Todo el mundo ya sabía de nosotros, lo cual nos hizo sentir muy bien. El hecho de que ella estaba compartiendo mucho de su vida con nosotros nos daba la seguridad de que las cosas estaban bastante seguras y establecidas. Parecía que ella estaba segura de su decisión. Tuvimos una cena deliciosa, tomamos un buen vino, hablamos por horas, nos reímos mucho, y derramamos algunas lágrimas (pero tratando de aparentar calmos en todo momento).

Al día siguiente volvimos a Virginia. Había mucho que hacer! Nuestra hija nacería la semana entrante, pero dejaré eso para un próximo post.

(Esta historia continúa aquí: Nuestro final feliz, segunda parte)

Se necesita un papa y una mama? Miremos las evidencias.

Esta nota no la escribí yo, pero me encanto el resumen de las evidencias que muestran los estudios que se han hecho sobre las familias homoparentales. Todo el articulo esta incluido aquí, pero para ir a la pagina original, ir a:

http://www.eldinamo.cl/2012/11/21/hijos-de-padres-del-mismo-sexo-estudios-empiricos-de-los-ultimos-50-anos/

Hijos de padres del mismo sexo: estudios empíricos de los últimos 50 años

Como psicóloga he observado bastante ignorancia en cuanto a la homosexualidad, prejuicios y creencias que no tienen fundamento empírico alguno. Una de las creencias que más me ha llamado la atención es que las personas homosexuales no pueden criar hijos.

Quienes defienden esta tesis, tienden a apoyarse en la creencia de que la familia se compone de un hombre y una mujer, que los homosexuales tienen más problemas mentales en comparación con heterosexuales, tenderían a la pedofilia y sus hijos presentarían perturbaciones mentales, desarrollándose más tarde ellos mismos como homosexuales o presentarían trastornos de la identidad de género.

Poco o nada se consigue discutir estos temas sin datos empíricos, pues se termina discutiendo desde ideologías y prejuicios y no desde la evidencia científica. Por lo tanto, he decidido realizar una traducción del documento de la Asociación Americana de Psicología (APA) sobre padres del mismo sexo, que reúne las investigaciones empíricas de los últimos cincuenta años realizadas en países de todos los continentes, que suma más de 1.000 sujetos estudiados. Veamos a continuación, cual es la evidencia empírica que sustenta cada una de las creencias de que padres del mismo sexo no pueden adoptar o tener hijos:

Salud mental de lesbianas y homosexuales

La homosexualidad fue sacada del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales DSM en el año 1974, luego de tres décadas de investigaciones científicas que demostraron que la homosexualidad, lesbianismo y bisexualismo no tenía como característica pérdida del juicio de realidad, alteración del pensamiento o de las habilidades sociales o vocacionales (APA, 1974) (algunas investigaciones: Gonsiorek, 1991; Hart, Roback, Tittler, Weitz, Waltson & McKee, 1978; Reiss, 1980). La homosexualidad no implica un trastorno psicológico en sí misma pero la discriminación social puede tener como consecuencia depresión, ansiedad y baja autoestima.

Thompson, en el año 1971, comparó a 127 hombres y 84 mujeres de orientación homosexual con 123 hombres y 94 mujeres de orientación heterosexual. Las características psicológicas no mostraron diferencias entre ambos grupos.

Habilidades parentales de homosexuales y lesbianas

Tasker y Golombock (1997), realizaron un estudio en que encontraron que los hijos de parejas del mismo sexo sufren menos síndrome de alienación parental (sindroma que se presenta cuando los padres divorciados “se pelean” por el amor del hijo, causándole culpa) que los hijos de parejas heterosexuales.

Bigner, en 1989, estudió a 33 padres heterosexuales y 33 padres homosexuales a través del inventario de conducta parental de IOWA. Los resultados mostraron que los padres homosexuales eran más atentos a las necesidades de sus hijos y utilizaban más el reforzamiento que el castigo, siendo que los padres heterosexuales utilizaban más el castigo físico. Así mismo, Boss, en el año 2004, comparó a 100 madres heterosexuales con 100 madres lesbianas a través de cuestionarios y diarios de la vida diaria, resultando ambos grupos igualmente competentes.

Comparando más de 256 padres y madres homosexuales con padres y madres heterosexuales, en diferentes estudios (Jhonson & O’ Connor, 2002; Mc Pherson, 1993; Bost et al, 2004, Kwesking & Cook, 1992; Lyons, 1983; Miller, Jacobsen Y Bigner, 1981; Murclow, 1979; Pagelow, 1980; Parks, 1998; Patterson, 2001; Rand, Graham & Rawlings, 1982; Segenthaler & Bigner, 2000; Thompson, Mc Candless & Stickland, 1971) se concluyó que las madres lesbianas muestran la misma capacidad de madres heterosexuales de lograr apegos seguros. Padres homosexuales muestran la misma capacidad de ejercer autoridad y entregar amor a sus hijos que padres heterosexuales.

Género y orientación sexual en hijos de padres del mismo sexo

Golombock en 1983, estudió a 37 niños entre 5 y 17 años de edad hijos de madres lesbianas y 38 hijos de madres heterosexuales, de las mismas edades, a través de cuestionarios y entrevistas. Los resultados arrojaron que no había diferencias entre ambos grupos en su orientación sexual, género y rol de género.

Golombock en 1996 realizó uno de los más grandes estudios en este ámbito, de carácter longitudinal en hijos de madres lesbianas. 25 niños fueron entrevistados a la edad de nueve años y luego a los 24 años. Más del 90% eran heterosexuales. Baely llegó a la misma conclusión en el año 1995, en un estudio con 82 hijos de padres del mismo sexo.

La gran mayoría de estudios en los diversos continentes arrojaron que los hijos de padres del mismo sexo no desarrollaban problemas con su identidad de género, desarrollando el rol de género esperado en cuanto a elección de juguetes y juegos, comportamiento, actividades e intereses vocacionales. (Green, 1978; Mandel, Hotvedt, Gray & Smith, 1986; Smith & Roy, 1981).

Reso, en el año 1979, aplicó el inventario de rol sexual de BEM (BSRI) a 24 adolescentes, mitad hijos de lesbianas y mitad hijos de heterosexuales. Los resultados arrojaron que las hijas de madres lesbianas eran más femeninas que las hijas de madres heterosexuales.

Salud mental de hijos de padres homosexuales y lesbianas

Chan, en el año 1998, realizó una investigación que arrojó como resultado que los niños criados en familias con padres con poco estrés, pocos conflictos entre ellos y más amor conyugal, desarrollaban un perfil psicológico y social más sano, independiente de la orientación sexual de dichos padres. El mismo autor realizó un estudio en 55 familias de lesbianas y 25 familias de heterosexuales que habían concebido a través de donación de esperma. El desarrollo de sus hijos era sano en ambos grupos, sin que la variable orientación sexual o número de padres tuviera una relación estadísticamente significativa, siendo así que el mito de que los niños deben tener un padre y una madre para crecer psicológicamente sanos, no tiene evidencia empírica.

En 1997, Tasker & Golombock, a través de técnicas proyectivas y juegos, concluyeron que los hijos de padres del mismo sexo tienden a ser más preocupados por los niños que consideran más indefensos o más pequeños que ellos, desarrollando mayor empatía que hijos de padres heterosexuales.

Uno de los estudios más grandes fue llevado en el año 2003 por Golombock, en 14.000 madres heterosexuales, lesbianas y madres solteras, a través de cuestionarios y entrevistas aplicadas a las madres, sus hijos y sus profesores. Se concluyó que los hijos de madres lesbianas y madres solteras heterosexuales, son tan bien desarrollados y bien adaptados como los hijos de madres heterosexuales.

Homosexualidad, lesbianismo y pedofilia

En un estudio descriptivo llevado a cabo por Finkelhor & Russell en 1984, se concluyó que la gran mayoría de los abusos sexuales en menores son por parte de hombres heterosexuales que en su gran mayoría, son parientes cercanos a la víctima. No hay sustento empírico para la creencia de que homosexuales y lesbianas tienden mayormente a la pedofilia.

Discriminación en la escuela

Tasker & Golombock, establecieron en el año 1997, que los hijos de padres del mismo sexo pueden ser víctimas de bullyng en la escuela por parte de personas homofóbicas pero que en comparación con el bullyng que reciben los hijos de padres heterosexuales, éste no es mayor. Se estableció a través de diferentes estudios que si se entrenaba a los hijos de padres del mismo sexo en asertividad o recibían apoyo por parte de otras familias conformadas por padres homosexuales o lesbianas, superaban esta discriminación sin que ello les provocara un problema psicológico o social.

Posición oficial de la APA

1: La homosexualidad no es una enfermedad

2: Hombres y mujeres homosexuales tienen las mismas habilidades parentales que los padres heterosexuales, y en algunos casos más habilidades.

3: Los padres del mismo sexo no tienen más tendencia al abuso de menores que los padres de diferente sexo.

4: Los niños hijos de padres del mismo sexo no difieren psicológica ni socialmente de los niños criados por padres heterosexuales.

5: Que la madre o el padre críen a sus hijos con pareja del mismo sexo no afecta al saludable desarrollo de los hijos e inclusive, estudios señalan que la presencia de esta pareja es un factor protector.

Todos los estudios pueden ser descargados desde el sitio oficial de la APA: http://www.apa.org/pi/lgbt/resources/parenting-full.pdf.

Cómo percibo la homofobia en Paraguay

Me doy cuenta que la persona que no acepta la homosexualidad como algo natural o bueno quiere que el homosexual sea un degenerado para poder seguir creyendo lo mismo que se le enseñó y no tener que considerar que quizás sus creencias no sean del todo correctas. El temor a que uno tenga que cambiar una creencia tan fundamental da luz a un mayor temor, que es que quizás uno deba dudar de otras creencias. Y más todavía, que todo un sistema de vida pueda derrumbarse con solo cambiar un punto pequeño. Una casa construida de cartas, donde un vientito puede derrumbarlo todo. El constructor debe cuidar esa casita con todas sus fuerzas. Cualquier amenaza debe ser eliminada inmediatamente.

Para muchos, la creencia de que la homosexualidad es mala es una creencia que nunca pensaron que cambiaría. Nunca la pusieron en duda. Por un lado, nunca fueron confrontados con ella. Veían al homosexual como un degenerado abusador de niños y, como nunca conocieron a alguien abiertamente gay, no tuvieron que ajustar esa imagen a la realidad. Por otro lado, fueron enseñados por la iglesia que la Biblia dice que ser homosexual es pecado. Y como Dios lo dice, no hay que cuestionarlo. Asumieron que “la Biblia es clara al respecto”, sin embargo como nunca lo cuestionaron no se dieron cuenta del trasfondo de esos pocos versículos. Redujeron a la homosexualidad a un acto sexual. Y ahora, de repente se ven confrontados a interactuar con una familia constituida por dos padres del mismo sexo. Si tan sólo esa familia sería una unidad disfuncional, no sería una amenaza tan grande. Pero al ver un hogar lleno de amor y aceptación, donde los hijos son criados de manera idéntica a un hogar saludable heterosexual, la persona se siente amenazada y decide no aceptar esa información. Pretende no reconocerlo para que la casa de cartas pueda permanecer intacta.

Los estudios científicos que demuestran que los homosexuales y las lesbianas tienen diferencias físicas y biológicas a sus compañeros heterosexuales, que se desarrollan antes del nacimiento, también son una amenaza. Si la homosexualidad es algo con que se nace, entonces…. Podría ser que una vida honesta y abierta es la mejor opción para el homosexual? Si el cambio no es posible, podría ser que una vida productiva en la sociedad, sea con una familia, en pareja o soltero, sea algo bueno? No, no, no. Todos esos estudios deben ser erróneos! Un esfuerzo más de los activistas para hacernos creer que pueden aportar algo bueno a esta sociedad por medio de la aceptación de su naturaleza pecaminosa. Y así, sin fundamento, la persona decide simplemente no creer la evidencia y afirmarse más en su creencia personal. Algunos dicen que Dios puede cambiar la orientación sexual. Pero se niegan una vez mas a contemplar la evidencia. El mayor ministerio cristiano “anti-gay” de los EEUU, Exodus International, ahora afirmó que un cambio en la orientación sexual es muy infrecuente. Inclusive advierten a los participantes del ministerio a reducir sus expectativas, ya que en muchos años no han podido ver cambios permanentes, a pesar de la fe muy firme de los involucrados.

Por el otro lado, es difícil creer en algo que nunca se vio o experimentó. Y por eso, creo que en Paraguay es difícil para muchos entender que una familia puede estar completa sin una mamá o un papá. Los ejemplos que tienen de familias que no tienen un padre o madre son ejemplos de padres ausentes, que deberían ser parte de la familia pero no lo son. Además, ven los estereotipos heterosexuales y asumen que la presencia del género masculino y femenino deben estar presentes para formar un equilibrio. Y ahora aparece una familia con dos papas. ¡O no! ¡Pobre niño que crece sin mamá! ¿Quién le dará el amor tierno que sólo una madre puede dar? ¿Quien le enseñara a tratar con mujeres? Y una vez más, la imagen de esta familia está incompleta porque el espectador se está imaginando a dos hombres heterosexuales criando a un bebe. Sin embargo se ha demostrado que en un hogar de padres del mismo sexo, los roles son diferentes a lo tradicional y al final la energía masculina y femenina aparece en diferente forma pero en un buen equilibrio.

Toma tiempo abrir las mentes a lo desconocido. Y toma tiempo para estas personas observar a una familia homoparental y deducir que es igualmente buena que una familia con papá y mamá. Inclusive las personas más abiertas a algo diferente necesitan un tiempo para observar y tomar sus conclusiones.

Los que más me asombran son los que 1) saben que médicamente y psicológicamente ya se descartó a la homosexualidad como una enfermedad, 2) ven a sus amigos homosexuales y saben que son perfectamente felices y completos así como son, 3) ven a la familia homoparental y notan a los hijos sin diferencias a otros niños, e IGUAL, a pesar de todo eso están en contra, simplemente porque NO ESTA BIEN.

Sin argumento y con el corazón endurecido prefieren creer lo que se les enseñó a pesar del dolor que esto pueda causar no sólo a las parejas homosexuales, sino a sus hijos que ven a sus padres con menos derechos que ellos mismos. Inventan pretextos para sentirse mejor, diciendo que son “pro-familia”. Plantan temor en otros, predicando que el matrimonio homosexual es una amenaza para la raza humana. Sostienen que luchan por lo que Dios les enseña. Y quien puede discutir en contra de Dios?

El problema está en que esa fue la misma justificación para mantener la esclavitud, negar derechos a las mujeres, y hasta luchar contra la enseñanza de que la tierra es redonda. La música clásica fue criticada por la iglesia porque era muy moderna. La música rock atraía al demonio. La concepción in-vitro solía ser denominada “jugar a ser Dios”. Las mujeres en pantalones eran herejes. Los hombres con pelo largo se revelaban contra el orden divino. Y si, la Biblia puede ser usada para justificar todos esos puntos. Sin embargo, la mayoría de las personas hoy en día creen en que la tierra es redonda, se relajan con música clásica, acuden a doctores de fertilidad, y están de acuerdo con que las mujeres usen pantalones y los hombres tengan el pelo largo.

Pero, ¿una familia homoparental llena de amor y aceptación? ¡No! Desgracia total.

Lo positivo a rescatar es que las mentes y actitudes están cambiando. Hoy en día tenemos hombres y mujeres adultos que fueron criados por dos papás o dos mamás. Ya hay suficientes familias homoparentales para estudiarlas y compararlas al resto. Entre algunas conclusiones están que estos niños a menudo son mas compasivos con otros. Personas que tuvieron que superar sufrimiento generalmente son mas fuertes, determinados y pacientes que otros mas privilegiados. Estos son los padres gays y lesbianas. Gente que tuvo que luchar en contra de toda una sociedad para vivir una vida honesta. Gente que se levanto muchas veces y siguió adelante a pesar del rechazo de padres, hermanos, iglesias y comunidades. Estos son los padres que están determinados a dar amor, seguridad y total aceptación a sus hijos. Y estos son los hijos que están demostrando un nivel a veces superior en áreas de inteligencia y estabilidad emocional.

La mente cerrada de los que no quieren aceptar y se refugian en su fe o en “lo que siempre fue de cierta manera” al final solo fortalece a estas familias. No estoy a favor del rechazo y no lo deseo a nadie. Creo que hay mejores maneras de crecer emocionalmente. Pero acepto la realidad y me sobrepongo a los corazones endurecidos de los que me niegan lo que ellos mismos nunca se cuestionaron.

Por mi parte, me motiva que a pesar de todos los obstáculos que se nos presentan, lucharemos para que nuestra hija reciba todo el amor, fortaleza y compasión que luego ella podrá dar a los que más lo necesitan.

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Podés leer un resumen de estudios cientificos con respecto a hijos de padres homosexuales aquí: Se necesita un papá y una mamá? Miremos las evidencias)

También escribí otra reflexión sobre mis experiencias personas con la homofobia, titulada Heridas y cicatrices.

La conversación mas dificil de mi vida

(Esta nota es la continuación de la primera parte “El testimonio que nunca di en la iglesia” y la segunda parte “La oscuridad antes de mi amanecer“)

Diciembre del 2007. Había vivido una infancia llena de confusión y una adolescencia sintiendo terror de mi mismo. Un adulto que seguía siendo un niño adentro, llorando y pidiendo ayuda sin ser respondido. Pero también había experimentado la aceptación de algunos amigos, y descubierto una nueva realidad. Había encontrado esperanza. Tenia una imagen y un sueño que estaban agarrando forma y color.

Recuerdo una conversación con un amigo en EEUU. Le conté de una amiga que tenia todas las cualidades de mis novias anteriores. Hermosa, simpática, con una vida espiritual profunda. Sabia que no era amor, pero a veces me confundía. Me había dado cuenta de que nunca había conocido el amor y por eso no lo podía reconocer. Además me costaba renunciar al sueño. El sueño era casarme en la iglesia, tener hijos, formar una familia. Ir al Paraguay y visitar a mis familiares. Que todos vean a mi hermosa esposa. Una esposa representaría que habría logrado lo que toda la vida había deseado. Mi lucha no habría sido en vano.

Pero había un problema. Cuando me “enamoraba” y no era correspondido, no me afectaba mucho emocionalmente. Seguía mi camino sin derramar muchas lágrimas. En ese entonces no sabia por qué, pero sospechaba que era porque no estaba enamorado. Estaba todavía persiguiendo algo que no era lo que realmente deseaba. No era lo que amaba. Era el ideal, un ideal que alcanzar para ser normal. Y me había cansado de ese concepto: lo normal. Que significaba eso? Normal… o sea, conformarse a lo que la mayoría piensa que es lo correcto.

No sabia si hablaría con mis padres en mi viaje a Paraguay. Era muy posible, y muy adentro sabia que no podría aguantar sin hacerlo, pero no quería admitir que estaba por cavar esa herida en sus corazones. Solo sabía que estaba en camino a ALGO. Y tenia que seguir.

Llegue a Paraguay y sentí el calor humano paraguayo como siempre. Disfrute de unos días con amigos y familiares. Llame al pastor de mis padres, así como me había pedido mi hermano. Fije una cita. Mis rodillas temblando pero mi cabeza en alto. Me estaba dando cuenta de que era mas fuerte de lo que había pensado anteriormente. Había algo dentro mío que estaba saliendo y me hacía sentir muy bien. Hable con el pastor. Mientras hablaba, me di cuenta de que sentía menos vergüenza. No sentí la necesidad de pedir disculpas por lo que era o por lo que creía. Era lo que era. Había pasado un año entero leyendo, orado, conversando con amigos y pastores. Yo era el experto sobre mi propia vida y nadie más. Sabia mas que nunca quien era yo, a pesar de que todavía me estaba descubriendo.

El pastor me dejó sorprendido. Una de las primeras cosas que me dijo fue que mi orientación homosexual no desaparecería así nomás. Lo mas importante que el me quiso decir era que la Biblia mandaba que honremos a nuestros padres. Ser honestos es parte de honrarlos. No podía seguir viviendo una mentira. Wow! También me dijo que él no creía que ser gay impedía la salvación, a pesar de que creía que Dios podría transformarme. Me informo de que yo todavía era miembro de la Iglesia de Hermanos Menonitas en Paraguay. Si decidía aceptar mi orientación sexual, debería dar una explicación frente a la iglesia y renunciar a esa membresía. Yo sabía que no podía hacer eso, porque mis padres eran miembros de la misma iglesia. No sabia como se sentirían ellos si yo hablara frente a todos. Me parecía una medida muy humillante. Seguimos la conversación. El pastor me aconsejo que hable con mis padres cuanto antes, pero que lo haga solo unos días antes de volver a los EEUU. Me explicó que mis padres tendrían que procesarlo todo y que no era mi responsabilidad estar presente durante ese tiempo. Sería muy difícil para ellos ser honestos conmigo con respecto a sus emociones, ya que me amaban. Seria muy difícil para mi verles sufrir a raíz de todo esto, porque yo los amaba! Mi pastor me aconsejó a que me saliera del closet a ellos justo antes de irme del país, para que ellos puedan tener tiempo “a solas” y yo no fuera afectado por su proceso. Creo que este fue uno de los mejores consejos que recibí.

El plan era pasar la navidad con mi familia, unos días con amigos, y luego ir al Brasil con mis padres y hermanos. Yo solo podía pasar una semana en Brasil, pero mis padres se quedaría por dos. Si les hablaba antes de irme, les daba una semana en Brasil para superar el shock de la noticia. Después podrían volver junto a sus amigos y familiares y hablar con quien ellos necesiten.

Este visita a Paraguay tenia un sabor agrio y dulce al mismo tiempo. Sentía que estaba preparado para ser rechazado por todos. Asumiría las consecuencias que venían con revelar la verdad. Disfruté cada momento como si fuera mi ultima oportunidad de ser feliz junto a mi familia. Mi temor era que sería rechazado por todos y estaba listo para enfrentarlo. El momento había llegado. Ahora o nunca.

Fuimos a Brasil. Pasamos varios días hermosos en la playa antes de tener “la conversación” con mis padres. Trate de saborear cada momento con mis padres como si fuera el ultimo. Le pregunte a uno de mis hermanos si podría estar presente durante la charla con mis papas para darles el apoyo que necesitarían. Uno de esos últimos días me llamó un tío que se había enterado del tema y me pidió que mi cuñada (doctora) este presente en caso de que a mi papá le diera un ataque al corazón. Me hizo sonreír. No había sido el único con tanto miedo. La diferencia entre él y yo era que yo había superado ese temor. Lo que sería, sería.

Les dije a mis papas que quería hablar con ellos dos noches antes de mi partida. Ellos sospechaban algo, pero no sabían que esperar. Esa noche el clima estaba hermoso. Fuimos a un restaurante que tenía mesas sobre la playa. Todavía recuerdo la brisa suave y el ruido de las olas. No se como expresar esto, pero sentía que una fuerza interna me llenaba e irradiaba luz desde dentro mío. Sabia que cualquier cosa que digan mis padres seria parte del proceso, y mas que nada un pensamiento momentáneo. No podía dejar que nada de eso me afectara. Este el turno de ellos.

Comencé tartamudeando. Trate de explicar el proceso. Comencé por decir que siempre fui diferente… Recuerdo las caras de mis padres que trataban de entender lo que les estaba tratando de decir. No lograba decir la palabra homosexual o gay. La confusión de mis padres llevo a mi hermano a interceder por mi, diciendo: “Lo que Marki esta diciendo es que lo que vos, papá, sentís por una mujer, el siente por hombres”. Mi papa se volteo en mi dirección. Estrecho sus dos manos sobre la mesa y agarro mi mano. Me miró a los ojos y diciéndome, “Marki, te amamos y siempre te vamos a amar. Vamos a luchar contigo. Cueste lo que cueste. No quiero que dudes de eso jamás”. Todos lloramos. Mi mama se cubrió la cara, llorando. Pagamos la cuenta y volvimos al departamento. Mi papa casi tenia que cargar a mi mama, que no tenia fuerzas para caminar.

Durante esa noche, sentí una fuerza que nunca antes había sentido. Mi mama dijo algunas cosas que en otro tiempo podrían haberme lastimado. Sin embargo, sabia que esas palabras no eran verdad. Provenían de un corazón dolido, que se culpaba a ella misma. Mis padres estaban atrapados entre las enseñanzas religiosas y culturales que habían recibido desde su niñez, y el amor que sentían por su hijo. Hoy en día entiendo que no hay mayor amor que el de un padre.

Mis padres lo habían sospechado. Se habían preocupado durante mi niñez. Sin embargo, después de que había expresado interés en mujeres, se habían tranquilizado. Mi dedicación a las actividades de la iglesia también les dio mas seguridad de que había “superado la etapa”. Hoy sabemos que ese tipo de pensamientos están basados en la falta de conocimiento. Que un homosexual tenga una relación romántica con una mujer no significa nada. Hay mucha gente gay cristiana. Pero mis papás no sabían eso. Nunca habían sido confrontados con este tema. Antes de saber de mi orientación, quizás ellos hubieran estado de acuerdo con que un gay era un monstruo degenerado (y así confirmando como me sentí por tantos años). Pero el amor que sentían por mi destruyo esa imagen como una piedra que rompe un espejo en mil pedazos. Y ahora que?

Volví a los EEUU. Mis padres me reafirmaron su amor mil veces antes de volver. Yo sabia que del dicho al hecho había un largo trecho. Esperé.

Solo les había contado que era homosexual. Unos meses después me di cuenta que ellos no habían entendido mi posición al respecto. Ellos habían pensado que yo “lucharía” en contra de mi orientación. Por un año, cada vez que hablé con ellos, sentí que les daba malas noticias. Muchas de esas noticias eran cosas que eran muy lindas para mi. Tenia novio… las cosas se hacían mas serias… nos mudamos juntos… queríamos comprar una casa. Todas noticias que eran razón para brindar, pero también razón para llorar. Tantos sentimientos encontrados.

No puedo terminar este capitulo sin hablar de la profunda admiración que tengo por mis padres. Mi madre creció en la colonia menonita de Filadelfia. Mis padres nunca habían escuchado de una persona gay que vivía una vida positiva. Ellos estaban donde yo había estado cuando tenia 13 años! Yo había tenido muchos años para procesar lo que me pasaba en cada etapa de mi vida. Pero a ellos se les vino la noticia de una vez. De un día para otro. Me imagino que habrán puesto todo en duda. Por un tiempo, creo que sintieron como que no conocían a su propio hijo. Una de las cosas que me dio mucho alivio fue que ellos muy rápidamente supieron que la orientación sexual no tiene nada que ver con la manera en que me criaron. No quería que se culpen a si mismos por haberme “hecho” homosexual. En una de las conferencias “ex-gay” se me había hecho creer que había sido abusado y que eso sumado a la relación con mis padres había afectado mi orientación. Varios años creí esa mentira. Estaba contento de que mis padres no eran (a mi parecer) víctimas de esa teoría. Sin embargo había otro aspecto. Mis padres sentían mi dolor. Querían sacarme el peso de encima. Y sentían una culpa terrible por no haberse dado cuenta antes.

Mis padres sufrieron mas por no haber estado conmigo en mis momento oscuros. El 2008 trajo muchas conversaciones y lágrimas más. Mis padres me visitaron más a menudo que antes porque decidieron que era importante que estemos juntos. Me ofrecieron su amor incondicional a pesar de no entender muchas cosas. Todavía ellos creían (creen) que ser homosexual era (es) pecado. Sin embargo eso no les impidió mostrarme todo el amor que sentían. Después de haberme salido a ellos, nunca sentí presión de ellos por “volverme heterosexual”. El mensaje siempre fue el mismo: “te amamos así mismo como sos”. En momentos me frustré porque realmente quería la aceptación de mis padres. No fue fácil, especialmente con respecto a la relación que tenia con mi pareja. Pero hay que darle tiempo al tiempo.

Amo a mis padres. Estuvieron conmigo antes de que me saliera a ellos. Estuvieron conmigo durante y definitivamente estarán conmigo de ahora en adelante.

Este es el primer capitulo que escribo donde se me salen lágrimas. Ya he superado el dolor, trauma y sufrimiento que pase en el 2007, pero todavía no puedo dimensionar el amor de mis padres. Los amo con todo mi ser. Desde ese día, durante los siguientes cinco anos, muchas cosas pasaron. Hoy en día hablamos todo el tiempo por teléfono, email, mensajes de texto. A veces me pregunto si otras familias se aman tanto como nosotros! Nunca, NUNCA cambiaría a mis padres por nadie en el mundo.

Y así pase del 2007 al 2008. El paso de un año al otro fue muy significativo para mi. En esa noche fresca en Brasil, mi mama me pregunto si tenia novio. Le dije que no, y dije la verdad. Pero tres días después conocí al amor de mi vida.

Esta nota fue la continuación de la primera parte (El testimonio que nunca di en la iglesia) y la segunda parte (La oscuridad antes de mi amanecer).

Historias que siguen: Nuestro final feliz Parte I y Parte II, donde hablo de cómo llegó nuestra hija a nuestras vidas; y Un año despues… describe las emociones que me sobrevinieron el dia de su primer cumpleaños.

La oscuridad antes de mi amanecer

(Esta es la continuación a la primera parte, titulada: El testimonio que nunca di en la iglesia)

Setiembre del 2007. Comienzo de mi estación favorita del año, y una de las razones por las que me encanta vivir en el estado de Virginia. Dentro de poco las hojas cambiarían de color, el clima se haría mas fresco, con lloviznas y días soleados intercalados. Adentro mío también estaba a punto de experimentar un cambio drástico. Cada parte de mi vida cambaría de color durante los meses siguientes.

Un año atrás, en medio de mi maestría en psicología que estaba cursando, había caído en depresión de nuevo. No lograba prestar atención ni completar mis lecturas y tareas. Mi profesora guía me aconsejó tomarme el verano libre y le hice caso. Aprendí a surfear, y pase días enteros en una playa que quedaba a 40 minutos de casa. Pase horas sentado sobre la tabla, moviéndome al ritmo de suaves olas, con el sol en mi espalda y las piernas dentro del agua fría, esperando la ola perfecta. Cuando esta aparecía, y yo la lograba agarrar, con el viento en la cara y la sensación de balanceo sobre la tabla mientras me acercaba a la playa,  mi mente dejaba de preocuparse por el mañana. Todas las voces dentro mío se callaban y solo oía el viento, las olas y las gaviotas. El ejercicio de volver a nadar mar adentro y la adrenalina del deporte fue una de las mejores terapias que experimente.

Logré recuperar las clases perdidas, excepto a una. Tuve que tomar esa materia mientras ya había conseguido trabajo en otra ciudad, así que vivía en dos apartamentos. Los viajes me proveían de mucho tiempo a solas, escuchando música y reflexionando. Ya me había salido de la iglesia. Me pasaba los domingos visitando diferentes lugares con la esperanza de encontrar otro hogar espiritual. En ocasiones sabia que no seria aceptado en ciertas iglesias, pero la sensación de estar en un ambiente conocido a veces me daba esperanza. Me imaginaba siendo parte de ese grupo de personas, junto a mi novio y luego mi esposo.  Podría ser que le conocería allí? A veces me reía de mi mismo por mis tontas fantasías. Dentro mío sabía que nunca seríamos aceptados.

Desde chico se me había enseñado que los cristianos eran los únicos verdaderamente felices. Todo el resto del mundo podría sentir cierta alegría, pero no la plenitud y satisfacción que solo Dios podía dar. Me preguntaba si podría tener esa felicidad plena a pesar de ir en contra de la mayoría de los cristianos. Había descubierto que otras enseñanzas de mi niñez no estaban basadas en la verdad. Mas bien estaban basadas en creencias culturales, como la interpretación de que los homosexuales “no heredarían el reino de los cielos”. Después de estudiar el origen de ese versículo del libro de Corintios, había aprendido que la palabra homosexual se había agregado a principios del siglo XX. El mismo versículo anteriormente había sido usado para hablar de la masturbación y otros comportamientos, ya que en vez de la palabra “homosexual”, el lenguaje original usaba una combinación de las palabras hombre-cama. La palabra usada originalmente no era una palabra conocida ni en tiempos de la Biblia, por lo tanto realmente no estaba claro que fue lo que verdaderamente quiso decir el autor. Sin embargo, yo había leído ese pasaje desde mi niñez y aceptado que se trataba de mi. El mismo versículo también hablaba de los “afeminados”. Siendo que yo tenia movimientos amanerados, jugaba con muñecas, me llevaba mejor con niñas que niños en mi niñez, uno de mis mayores complejos siempre había sido que era demasiado afeminado. En el colegio se habían burlado de mi, y sin duda percibía la desaprobación de la sociedad. A veces abiertamente, y muchas veces sin uso de palabras. Había intentado cambiar mi manera de ser toda mi vida, sabiendo que mis movimientos, mi manera de hablar y mis gustos revelarían mi secreto. Sabia que no podía cambiar esa parte de mi.

Los afeminados no heredarán el reino de los cielos. No tenia sentido! Como podría ser que alguien sea maldecido por como era? No era Dios el que lo había creado? Yo no había elegido la manera en que me movía o hablaba. Sin embargo la mayoría de las personas que conocía dentro de la iglesia evangélica no cuestionaba este versículo. Cada uno tenia sus interpretaciones alternativas a como se entendía este texto, de manera que pueda caber en su propio concepto de Dios.

Me pasaba días enteros reflexionando sobre estos temas. No podía dejar de creer en un Ser Supremo pero estaba dejando de creer que la Biblia era un libro con una moral definitiva. Después de cada día que pasaba en la playa, me sentaba mirando el atardecer sintiendo una suave brisa que me envolvía y me llenaba de paz. Algo dentro mío me decía que estaba cerca de recibir una gran revelación. Lo podía sentir. Aprendí a dejar de lado la ansiedad y vivir en el momento. Sentía la arena bajo mis pies y el agua salada sobre mi piel. A veces derramaba una que otra lágrima, pero más y más sentía una fuerza que nunca antes había conocido formarse desde dentro mío. Cuando terminó el verano, esos momentos los viví en el carro, viajando de una ciudad a otra entre mis dos departamentos.

En una conversión que tuve con mi roommate (amiga con quién compartía el departamento), exprese que no estaba seguro de si estaba correcto o no tener una relación homosexual, pero que si conociera a un chico que cumplía con algunos requisitos, saldría con el. Mi roommate contesto que entonces yo ya había tomado mi decisión. Me di cuenta de que tenia razón. Yo estaba listo para el siguiente paso. No tenia duda de que ser homosexual era algo natural. No cuestionaba si Dios aprobaba o no que los homosexuales formen relaciones amorosas. Había conocido hombres y mujeres gays cristianos que vivían una vida hermosa. Sabia que la masculinidad y la homosexualidad no estaban relacionadas y que mi orientación no me hacía menos hombre. Mi psicóloga me dijo que cada vez que yo hablaba de que era homosexual, levantaba mi cabeza con seguridad y la miraba con una miraba fija y llena de paz. Estaba listo para dar el siguiente paso, pero me costaba expresarlo en voz alta.

Por otro lado, todavía temía lo que sucedería si gente en Paraguay se enteraba. Mi temor seguía siendo que mi padre moriría de un ataque del corazón. Mi abuelo había fallecido corto tiempo antes. No recuerdo si fue en ese entonces o un poquito después que a mi tío se le diagnostico cáncer. El dolor de perder a su padre y su hermano, además del estrés laboral de mi padre era visible. Seria yo el que lo empujaría al precipicio? Mi madre había luchado con depresión por muchos años. Yo siempre había sido el “hijo bueno”. Tenia una relación muy cercana con ella. Mi manera de ser posiblemente había jugado un papel en la relación que teníamos. Amaba (y sigo amando) a mi madre por sobre todas las cosas. Si me salía del closet con ella… podría ser que nunca se recuperara de su depresión. Mi salida hacia ellos significaba revelarles que no era la persona que ellos siempre habían conocido. Lo que toda la vida había escondido con todas mis fuerzas, saldría a la luz. Todo lo que admiraban de mi había sido una mentira. Tenía una vida paralela que representaba lo mas repugnante para ellos. Unos años atrás les había escuchado decir que tener un hijo homosexual sería lo peor que les podría pasar. Su hijo era un homosexual… desde su perspectiva, esto era sinónimo de desviado sexual, degenerado. Inevitablemente, serían inundados de imágenes de su hijo en relación sexual con otro hombre. Para ellos, homosexual todavía significaba sexo mas que nada. Y sexo en la versión mas sucia y desagradable posible.

Pero, yo ya no compartía esa imagen y quería tener una relación saludable y comprometida con otro hombre. Quería, como la mayoría de las personas, encontrar al amor de mi vida. Consecuentemente, no podía seguir con este secreto. Algo tendría que cambiar. El riesgo era grande y podría perderlo todo. Pero más que nada, no era solo yo el que saldría lastimado, sino que estaba jugando con la felicidad de otros. Podría arruinarles la vida. A través de mi carrera había aprendido que la ansiedad nos infunde temor. El temor generalmente se presenta en extremos. El temor era que mis padres mueran, que yo sea echado de mi familia y rechazado por todas las demás personas. Quizás lastimado físicamente, pero peor seria perder todos los lazos emocionales mas importantes de mi vida.

En años anteriores ya me había “salido” a mis hermanos. En ese entonces les había presentado mi orientación como “tentaciones” contra las cuales estaba luchando. En ese entonces me habían ofrecido su apoyo, pero no sabía si sería igual una vez que yo acepte vivir abiertamente fuera del closet. Mi hermano menor no era parte de la iglesia evangélica a donde iba mi familia, y salirme a el fue mas fácil. Su respuesta fue, “Pensás que me importa un carajo? No sabes la cantidad de amigos putos que tengo. Pará de disculparte. Sos lo que sos, boludo, ya esta!” Su manera tan personal de transmitirme su aprobación me sorprendió y abrió los ojos. No todos responderían con lágrimas y desilusión.

Tenia planeado ir a visitar a mi familia por navidad y pasar unos días con la familia en Brasil. Decidí que si iba, tendría que salirme a mis padres. Compartí mis pensamientos con mis hermanos. Me sorprendí cuando respondieron con mis mismos temores. La respuesta fue que no era un buen momento. La respuesta que yo escuche fue, “Lo que sos es tan feo, que es mejor esconderlo. Vas a matar a tus padres. Mejor guardá el secreto.” Un balde de agua fría derramado encima mío cuando menos me lo esperaba.

En los días que siguieron, la ansiedad fue aumentando de nuevo. Considere opciones para que mis padres nunca se enteraran. Podría salvarles la vida si seguía escondido? Podría tener dos vidas en países diferentes? Habría alguna otra “versión” o “explicación” que podría darles, que cause menos daño? Los sentimientos de culpa me inundaron de vuelta. Si no fuera por mi, mi familia podría ser feliz. Yo estaba a punto de arruinarlo todo. Que diría la sociedad? Serían juzgados mis padres por la gente de la iglesia? Que les dirían sus amigos y familiares? De seguro se avergonzarían de mi. Y en el caso de que me aceptaran… como serían vistos por otros? Tendrían que pasar por todo lo que yo pasé? Muchas preguntas. Las respuestas me provocaban tanta ansiedad que comencé a cuestionarme como sería su vida si yo no existiera mas.

Nunca antes había entendido como alguien podría considerar el suicidio. Me parecía una opción para cobardes. Solo los que no sabían como enfrentar una situación difícil elegían cometerlo. Consideré mis opciones. Podría revelarles a mis padres que era un monstruo, un degenerado (en sus ojos) y matarlos del sufrimiento. No se podrían perdonar, asumiendo toda la culpa por haberme criado mal. La otra opción seria que yo desapareciera. Sufrirían por la perdida, pero mantendrían la imagen que tenían de mi. Las emociones me tenían la mente nublada. Estaba tan confundido! El peso de mi niñez volvió a caer sobre mis hombros. Todos los secretos que había guardado por tantos años estaban por ser revelados. Gente homosexual muere en todo momento alrededor del mundo. Maltratados, violados, físicamente abusados. No había escuchado ni una sola vez que alguien en Paraguay se levante a defender a los homosexuales abusados por la sociedad. No esperaba recibir apoyo alguno.

Estaba solo. Toda la vida había contado con amigos, mi pastor, grupos de oración o mi familia cuando los necesitaba. Esta vez arriesgaba perderlo todo. No sabía de ni una sola persona que viva abiertamente en mi país. Podría ser que después del rechazo nunca vuelva al Paraguay? Después de la perdida de mi “familia espiritual”, posiblemente podría enfrentar la pérdida de mi familia y mi país. Hoy en día se que esos temores eran tan extremos! La persona que se sale del closet arriesga todo. Aunque parezca exageradamente dramático, en ese momento uno piensa que son todas posibilidades realistas (y para muchos lo son).

Me di cuenta de que la persona que considera el suicidio no necesariamente piensa en el acto de matarse, sino en el deseo de dejar de ser. Esta segunda opción parecía prometer un descanso del temor y la inseguridad que había sentido desde chico. La nada para mi, y un desviado sexual menos para el resto del mundo. Parecía un trato justo. Recordé que hace tiempo en una reunión con amigos, alguien dijo que quería meter a todos los “putos” en un edificio y quemarlos. Las otras personas presentes se rieron. Considere mis opciones. Pensé en maneras de desaparecer. Siendo que vivía en dos ciudades, las personas en cada ciudad asumirían que estaba en la otra. Nadie saldría a buscarme por unos días, lo cual asegurarían que nadie me interrumpa o me salve. Pensé en los detalles de cómo lo haría. Durante ese tiempo, mi ansiedad se redujo. Estaba lejos de sentirme feliz o en paz, pero sentía una ausencia de emociones que me daba una sensación de descanso. Creo que esa ausencia de emociones cumple un rol importante cuando alguien esta a punto de cometer un acto tan trágico. No tenia deseos de escuchar música, no prendía la TV, apenas comía. Parecía estar en piloto automático.

Un domingo a la noche iba manejando de vuelta a la ciudad donde trabajaba, y donde compartía el departamento con mi amiga. No había tráfico. Eran alrededor de las 11pm. Note que iba pisando mas fuertemente el acelerador. Sentía una ausencia de emociones que nunca había conocido antes. Parecía que estaba testeando si sentiría algo si iba a una velocidad mas alta… Iba tan rápido que podría perder mi licencia si se me descubría. Pensé en la posibilidad de chocar el carro.

En ese momento sonó mi teléfono. Era mi amiga. No atendí. El sonido del teléfono era lo único que se escuchaba. Hasta que paró. Luego sonó el “bip” anunciando de que mi amiga había dejado un mensaje de voz. Bajé la velocidad. Escuché el mensaje que me preguntaba a qué hora llegaría. Todas las emociones volvieron a mi. La llamé de vuelta. Los dos estábamos en entrenamiento para ser psicólogos, por lo cual lo primero que le dije fue, “si yo fuera mi paciente, me internaría en un hospital”. Ella me hablo tranquilamente, pero note que comenzó a llorar. Se quedo conmigo en el teléfono hasta que estuve cerca de la casa. Me esperó en la puerta. La abrace y comencé a llorar. Un mar de lágrimas dejo sus hombros empapados. No sé por cuanto tiempo quedamos así. Seguía llorando con todas mis fuerzas. Parecía una eternidad. Sentía como que todo el peso sobre mis hombros iba desapareciendo. Cuando me tranquilicé, le conté que cuando por fin enfrenté mis temores y decidí salirme a mis padres, mis hermanos confirmaron mis miedos. El hecho de que ellos temían lo mismo que yo me hacía pensar que los temores eran justificados. Yo sería culpable del sufrimiento de mis padres por el resto de sus vidas. Arruinaría a mi familia. Toda mi vida había vivido con el objetivo de ser perfecto ante los ojos de otros. Tenia un secreto que debía guardar con mi vida. Pero ahora el secreto desaparecería. Todos me verían por quien era en verdad. Esto podría ser el paso mas liberador de mi vida, o el momento en que todo se iría a la mierda.

Decidí que no podía seguir viviendo en temor, ni podía seguir viviendo con secretos. Me desperté de las emociones anestesiadas y acepte el desafío que estaba frente mío. Igual, quería respetar las opiniones de mis hermanos. Les escribí, contando parte de lo que había vivido en la semana anterior. Les dije que tenia dos opciones: viajar al Paraguay y hablar con mis padres o postergar el viaje y quedarme en los EEUU por navidad. No podría volver a verlos y callarme. Mis hermanos entendieron. Claro que no tenían idea de que sus respuestas habían tocado una herida tan profunda. Uno de ellos me pidió que hable con el pastor de mis padres antes de hablar con ellos. Acepté y confirmé mis pasajes.

(Esta historia continúa aquí: La conversación más difícil de mi vida)